LOS MÁS LEÍDOS

20 oct 2012

Libros que recomiendan libros


Recapacitando hace unos días sobre cuáles son mis fuentes de apetito cultural -no siempre satisfechas por falta de tiempo-, me vinieron a la mente todas las cosas y sucesos que me ponen enfrente libros…, libros que me despiertan el interés, libros que anoto, que me hacen meterme a la página de mis librerías habituales para ver si los venden allí.
En esta vida, para los que nos hemos hecho adictos a la lectura de manera incurable, la lista de libros pendientes crece y crece y si algo sabemos con exactitud es que nunca podremos cubrirla. Jamás. Vivir 157 años como el turco Zaro Aga no remediaría las cosas, por el contrario, la lista sería mucho más extensa.
Creo que la actual etapa filosófica en que nos hallamos -no la de la postmodernidad sino la del Internet- hace que la lista de libros pendientes de un lector sea más grande. Se nos bombardea con propaganda de todo tipo de productos, y los libros, para el editor y el librero, son un producto como cualquier otro y tienen que promocionarlo como tal. Así las cosas, diario sabemos de la existencia, en promedio, quizás de diez libros. Uno de ellos por lo menos nos parecerá interesante, o bueno, o excelente, y lo añadiremos a nuestra lista, sin la promesa de una pronta lectura.
Pero no sólo la tele, la radio y el Internet nos recomiendan libros. Acabo de percatarme de que muchas veces mis mejores consejeros son otros libros. Quizás alguien ya pensó que los ensayos escritos en lengua española comúnmente traen al final una larga o modesta lista de fuentes bibliográficas. Es cierto que ésa es una de las formas en que hay libros que recomiendan a otros libros, pero no es a la que quería referirme, porque en esos casos la recomendación es muy fría y no despierta tanto el interés.
Hace unas semanas leía una novela muy agradable, y el protagonista de ésta tenía por libro favorito otra novela policíaca de los 50s que más de una vez recuerdo haber despreciado en las librerías. En cuanto terminé una novela ya tenía la otra lista para iniciar la lectura. No me gustó tanto como al mencionado protagonista, pero la disfruté. Y lo importante aquí es que haciendo memoria, muchas veces algunos libros me han recomendado otros libros. Y ése quizás sea el método más honesto del marketing que rodea al mundo literario.

13 oct 2012

¿Y quién conocía a Mo Yan?


Yo no. Mario Vargas Llosa tampoco lo ha leído, según acabo de enterarme. Apenas hace una hora tomaba un café con unos amigos, adictos lectores, y me dijeron que también ignoraban que el chino existe. Veo en la red que esta vez la crítica y en general todo el mundo que se mueve alrededor de la literatura tenía la guardia baja. Esperaban que el Nobel de Literatura se lo llevara Paul Auster, su paisano Philip Roth o el japonés Haruki Murakami, ¿por qué? Porque son los más vendidos.
Que el Nobel de la Paz de unos años para acá sea entregado sólo a quienes tienen las cámaras de televisión encima -dejando a un lado a valientes que tuvieron el valor de enseñarles los dientes a los nazis-, no quiere decir que tenga que ser lo mismo con el de Literatura.
Los candidatos al Nobel no tienen que ser los que aparecen en las listas de los más vendidos. Si eso fuera Dan Brown ya habría ganado cuando menos dos. Pero lo cierto es que muchos así lo estaban empezando a creer. Y con la sorpresa llamada Mo Yan los de la Academia Sueca han querido recordarnos que las ventas y la fama no son un camino recto al Nobel de Literatura.
Ahora lo que falta es leer a ese Mo Yan. Sin duda debe de tener mucho talento para que se fijaran en él siendo fuera de su China casi un desconocido. Me supongo que sus libros, que circulan en español de manera modesta, pronto recibirán más atención. No iré corriendo a las librerías a buscar uno, pero pienso leerlo pronto. Veremos. Veremos si el candidato que eligieron los de la Academia Sueca para revestir de prestigio a su galardón fue el ideal.

1 oct 2012

La difícil tarea de promocionar un libro


Cuando un libro sale a la venta amparado por una editorial grande lo vemos hasta en la sopa. Se ponen grandes carteles en las entradas de las librerías, con varios volúmenes forman pirámides en los pasillos, lo encontramos en los escaparates, detrás del cajero que nos cobra, cuando entramos y cuando salimos del establecimiento. Al autor lo entrevistan los líderes de opinión, en la tele y en la radio, que tienen una audiencia que puede ser de varios millones de seguidores.
También hablan del libro los más prestigiados críticos, quienes escriben estupideces como “Una historia trepidante que enganchará al lector desde la primera página”, o “Si Cervantes viviera sin duda querría leer esta novela”, “Una obra deliciosa que mezcla muy bien la intriga y el romance” y otras tantas idioteces que quizás los críticos ya tienen escritas en un archivo y sólo se las pegan a las novelas que reseñan en una especie de sorteo, porque siempre son las mismas.
Pero cuando el libro es editado por una pequeña editorial de limitados recursos, ninguno de esos críticos que gustan de las historias trepidantes que seducen desde la primera página se ocupa de él. Quizás muchos no lo sepan, pero hay editoriales donde el editor es el que diseña la portada, maquetea el libro, elabora los contratos, se encarga de la distribución y sirve de secretaria en la oficina. Una editorial así, sencillamente no tiene recursos para hacer que muchos lectores sepan de sus libros.
Estos editores probablemente se la pasan preguntándose cómo promocionar adecuadamente un libro sin gastar tanto. Pero tal cosa es prácticamente imposible. Una pequeña editorial quizás consigue la reseña de diez o quince blogueros, que tendrán en promedio cien lectores por día. Los críticos que trabajan  en los grandes diarios quizás tengan en promedio cien mil lectores por día. La diferencia es abrumadora.
En las librerías el trato que se les da a estos libros tampoco los beneficia mucho. Los ponen allá en el rincón más apartado, donde para verlos hay que hacer una revisión similar a la que hace un arqueólogo en la tumba de un faraón.
Hace falta en estos casos mucha audacia de parte del editor y del propio autor para lograr que se sepa que un libro existe. No se puede competir con una campaña promocional de doscientos mil euros, eso está bien claro, pero hay una gran ventaja en estos tiempos: la gran abundancia de medios de comunicación que la mayoría de las veces no tienen costo alguno. Es cierto que un solo bloguero con cien lectores al día poco puede hacer, pero quizás mil blogueros hagan las cosas de mejor de manera. Lo difícil es hacer que el libro llame la atención de tantos como para que decidan comprarlo, leerlo y reseñarlo. Allí es donde la creatividad se vuelve indispensable. Un editor con pocos recursos aun así puede dotar a un libro de tres grandes armas que le ayudarán a llamar la atención de posibles lectores: el titulo, la portada y la sinopsis.

21 sept 2012

La caducidad de algunos libros


Hoy en día es de mal gusto construirse una casa estilo griego, es de mal gusto poner en el jardín una copia de El David, es también de mal gusto colgar en la sala, junto a la abuela, una copia de La Mona Lisa, pero es de muy buen gusto leer El asno de oro, novela escrita en el siglo II d. C. por Lucio Apuleyo.
Una de las cosas maravillosas de los libros es que cuando ya han entrado en el gusto del público no caducan nunca, se editan constantemente en formato de bolsillo y tapa dura, con ilustraciones y prólogos tan grandes como la obra misma.  Cuando ya han expirado los derechos de autor las edita quien quiere, cuándo y cómo quiere. Nadie nos va decir en la cafetería si nos ve con un volumen de Robinson Crusoe entre las manos que eso está pasado de moda.  
Lo cierto es que no son muchos los libros que alcanzan la categoría de incaducables. De la gran mayoría que salen a la venta se hace sólo una modesta edición y después pasan al olvido. Otros tantos alcanzan la segunda sin ir más lejos. De otros más se ven ediciones con otra editorial muchos años después de su aparición, sin que logren hacer demasiado ruido. Pero una vez que un libro alcanzó la cifra de varios millones vendidos en varios idiomas, no se dejará de vender mientras la humanidad tenga el hábito de la lectura.
Una de las cosas que a veces no se dicen es que los libros se siguen vendiendo mucho si ya tuvieron un gran éxito, aunque de momento sean otros los que vuelven locos a los medios de comunicación. Por ejemplo, de Harry Potter es de suponer que en el año que corre ya se han vendido muchos millones de ejemplares. Lo mismo ocurrirá el año que viene y el otro y el otro.
Los Beatles, aunque aún suenan bastante, para las nuevas generaciones son parte del pasado, las películas de Marlon Brando no vuelven locas a las juventudes, y así hay muchas cosas a las que quienes viven hoy no quieren volver y tampoco querrán volver los que vivirán mañana, pero El Conde de Montecristo y El Quijote siguen y seguirán en el gusto del público sin importar los cambios en las identidades de los seres humanos.
Qué maravillosos son algunos libros, que no caducan, que se venden, se leen y se disfrutan hoy como hace doscientos o trescientos años, cuando salieron a la venta por primera vez.

3 sept 2012

El negocio de escribir


Hay oficios que llevan a sufrir mucho, ya sea por el enorme esfuerzo físico, mental o… por la mala paga. Ser escritor, exceptuando a titanes bien promocionados, es un oficio que da para pasar hambres, para sufrir decepciones y hay algunas a los que les alcanza para contemplar el suicidio. Es un oficio bello, y quizás por eso con él se sufre, porque el que tiene la esposa más guapa es a veces al que peor le va, ya sea por simples celos injustificados o por prominentes cuernos.
Cierto que hay escritores a los que les alcanza para vivir en Beverly Hills o en su isla particular. Pero son aproximadamente el .00009% -ceros más quizás aunque poco importa- de los que escriben. La gran mayoría batalla para… publicar su primer libro con una editorial por pequeña y anónima que sea. Hay otros que ya se pueden llamar escritores profesionales, lo cual no indica que puedan pagar con facilidad todas las facturas del mes.
No se dude que existen escritores con muchas canas y buena prosa, más una treintena de libros en su haber, que malviven, que completan el gasto dando clases en alguna universidad soportando a irreverentes jóvenes que quieren todo menos aprender.
De escribir, el gruesísimo del gremio, no vive. Y veamos por qué. Nada nos cuesta fijarnos en alguno de nuestros libros, incluso de algún autor que ya se ha hecho un poco de renombre, la cantidad de ejemplares de los que constó la edición. Algunas veces dice 1,000, otras 2,000 y casi siempre 3,000. De 10,000 ejemplares en adelante ya es cuando el autor es muy famoso y el libro muy breve.
Puede decirse que el tiraje medio para autores de más o menos renombre es de 3,000 ejemplares. Ahora viene el otro dato. Podemos tomar uno de nuestros libros cuya edición haya sido en el… 2008, por venirnos lo más cercas, y el tiraje de 2,000 ejemplares, llamamos a nuestra librería de confianza y preguntamos si lo tienen en existencia. Por pura curiosidad también preguntamos el año de edición… Muy probablemente nos van a decir que sí lo tienen y que la única edición fue en el… 2008.
Más datos. Por irnos lejos, digamos que a un autor, cuyo libro se vende en 20 euros, le toca de a 2 por ejemplar. Aunque en estos tiempos un libro de 20 euros ya es casi un lujo…, pero bueno. Si de 2,000 libros nuestro autor apenas ha vendido dos terceras partes en cuatro años, tenemos que sus ingresos por esa obra que tanto sudor y lágrimas le ha costado no llegan mensualmente ni a los 60 euros.
Ahora pensemos en que no es su único libro, pensemos en que ha publicado diez y de ésos aún cuatro se encuentran vigentes en las librerías. Nuestro escritor de cierta trayectoria, con doctorado en literatura, gana, cuando mucho, 240 euros al mes. Menos impuestos, claro está.
Vuelvo a repetirlo, el de escritor es un hermoso oficio, para el que tiene la vocación, pero también es una fuente de hambre inagotable.

27 ago 2012

El precio de los libros electrónicos


Existen muchos problemas asociados a los libros electrónicos. El que más preocupa es el de la piratería que se puede suscitar una vez que existe una copia digital de un libro en manos desconocidas. Tema que ya traté aquí. Pero ése es el problema para los editores. Hoy quiero tratar el de nosotros los lectores.
Que el libro electrónico supone una gran ventaja en muchos aspectos es ya algo innegable por más que muchos no lo quieran aceptar. Y en los actuales tiempos de crisis supone la posibilidad de que muchas personas puedan seguir leyendo el mismo porcentaje de libros que acostumbran  leer cada año. Ya casi cada adicto o cuando menos vicioso lector se hizo o está pensando en hacerse con un e-reader, maquinita ésa que garantiza un considerable ahorro en la adquisición de libros…, siempre y cuando los precios sean razonables.
Vamos por partes. Un libro electrónico no conlleva gastos de impresión, almacenaje y distribución. Y siendo así las cosas, no se ve la necesidad de ponerlo a la venta a un precio excesivamente caro. Algunos editores quizás piensan que lo que venden es el talento del escritor y el esfuerzo en pulirlo que ha hecho su editorial. Pero esos argumentos no pueden ser un pretexto para vender caro, debieran, para alguien inteligente, ser una posibilidad de vender mucho. Y para vender mucho  no hay que dar muchas explicaciones, sólo poner las cosas tan baratas como sea posible, de manera que el vendedor no pierda.
Fijar el precio de un libro electrónico por encima de los 10 euros es casi como firmar una garantía de que nadie lo comprará. Ni aunque se trate de una novela inédita de Borges. El formato electrónico exige renunciar a tradiciones muy arraigadas, y para convencer al lector de que se embarque en la empresa hay que darle algunas facilidades, precios que lo seduzcan, que lo convenzan de que vale la pena el cambio. Dejar de comprar un libro impreso en 15 euros para comprarlo digital en 10.95 no es una practica tentadora.
Para que un libro electrónico compita o supere en ventas a su igual de papel habrá de costar… de 1 a 3 euros. Ése es el verdadero precio competitivo. Al lector no le quedarán muchas dudas al momento de comparar. De 15 a 3 euros la diferencia es bastante tentadora como para resistirse. Todavía es probable que un precio de 5 euros no sea a los ojos del lector muy excesivo, pero tomando en cuenta que estamos en tiempos de crisis y que mucha gente piensa quitarse el caro placer de la lectura como una de sus actividades, lo mejor es que los libros no superen los 3 euros, salvo raras excepciones, por ejemplo, los ilustrados y que además son muy extensos quizás merezcan excederse en el precio.  Pero vuelvo a repetir: un libro electrónico de 10 euros, nadie o casi nadie va a querer comprarlo. 

22 ago 2012

El fenómeno de las óperas primas


Creo que para nadie es un secreto que no sólo estamos en la era de los escritores jóvenes, también en estos tiempos se da el fenómeno de que la primera obra de un escritor, aunque sea pésima, puede ser un súper-ventas.
No digo que por fuerza un escritor joven tenga que hacer de su primera obra un fiasco. Se dan casos en que los debutantes sorprenden. Algunos tienen un gran talento y logran pulirse en muy pocos años, de tal manera que a los veintitantos ya pueden escribir obras de sorprendente calidad. Por otro lado, no podemos olvidar que la literatura es una forma de expresión y que como tal se perfecciona con el tiempo. Quien a los treinta escribe muy bien, casi con toda seguridad a los setenta, si llega, lo hará sorprendentemente bien.
Pero eso de escribir bien siendo joven en el pasado no acarreaba muchas ventajas. La crítica siempre fue renuente a alabar a los escritores jóvenes.  Aunque las cosas tarde o temprano tenían que cambiar. De un tiempo para acá, o de Harry Potter para acá -aunque muchos se regresan hasta El perfume-, una primera obra puede ser un verdadero fenómeno en ventas.
Me atrevería a decir que para muchos escritores su gran problema radica en que ya han publicado varias obras y en que no son jóvenes. Viven encasillados en tirajes de 2.000 a 5.000 ejemplares, que se venden en varios años. Y de allí no pasan.
Por el contrario, hay jóvenes de veintipico, o más jóvenes como es el caso de Christopher Paolini, que arrancan vendiendo más que el mismísimo Cervantes, dejando a viejos académicos y escritores con larga trayectoria con el ojo cuadrado y la bilis al límite.
¿A qué se debe este fenómeno que ha replanteado, en la última década, al mundo editorial? Las razones son varias. Pero creo que todas se desprenden del patrón que indica que el libro del que se habla mucho es el que vende mucho y viceversa. El grueso de los lectores en el mundo hoy en día son jóvenes, siendo los intelectuales una minoría. Los jóvenes tienden a seleccionar sus lecturas guiados por sencillas reglas: que al libro lo envuelva algo raro, que se hable mucho de él y que tenga elementos que lo hagan distraerse de la difícil etapa de la vida en que se encuentran.
Conseguir eso no es muy difícil, y quien lo dude que analice el gran esfuerzo intelectual que hizo Stephenie Meyer para crear su ópera prima. Desde ahí, y desde poco antes, los editores comprendieron que sólo tenían que buscar un libro nuevo, con algo de misterio -y un autor desconocido brinda eso en gran medida-, e invertirle cuanto dinero pudiera la editorial en su promoción. El resultado, aunque el libro sea pésimo, que los hay, es un éxito en ventas casi seguro.
Así que si en estos tiempos alguien quiere hacerse rico vendiendo libros, lo mejor no es que sea un escritor de trayectoria y doctor en literatura, lo mejor es que sea joven, guapo o guapa, según el caso, tenga un nombre raro y escriba una obra también algo rara, con un poquito de originalidad. Si logra hacerla un poco famosa, lo demás caerá como cascada y tendrá el porvenir asegurado.

19 ago 2012

Bubok


En los últimos cuatro años, meses más, meses menos, ha venido cobrando cierta notoriedad Bubok, una especie  de editorial que a nadie le cierra las puertas. La originalidad de la iniciativa radica precisamente en eso, porque las editoriales convencionales le cierran las puertas a casi todo el mundo. Bubok no lo hace porque no es precisamente una editorial que se dedique a invertir en la impresión de libros, sus clientes pagan el libro antes de que éste exista físicamente.
Para ser más precisos, Bubok, a grandes rasgos, funciona de la siguiente manera: el autor, sea quien sea y de donde sea y haya escrito sobre el tema que sea, sube a la pagina de Bubok su obra, le pone al archivo en digital el precio que guste, o lo deja de a gratis, mientras que al libro en papel lo puede vender tan barato que apenas cubra los gastos de impresión, y eso viene a ser todo. Aquél que quiera el libro, ya sea digital o impreso, lo compra en la misma página de Bubok.
Bubok no hace lo que las editoriales comunes que imprimen miles de volúmenes de un libro y éstos van a parar a las bodegas de las librerías esperando a que los lectores los compren en el correr de los años. Bubok sólo imprime un volumen cuando el lector ya decidió que lo quiere y pagó por él.
Otra de las cualidades de Bubok es que cualquier autor que lo desee puede trabajar con ellos. Bubok no le dirá jamás que el libro es malo; es más, Bubok no analizará su libro si no paga por ello. Y eso es una especie de bendición para los autores que se han pasado media vida esperando a que una editorial les haga caso.
Pero tanta cosa buena no podría existir sin un enorme, o descomunal, inconveniente. El hecho de que Bubok acepte a todos sin discriminar hasta a los autores más malos y los que suben sus libros sin siquiera corregir las faltas de ortografía, es la razón por la que la editorial-librería, según sus propios números, no vende casi nada.
Siendo realistas, no podía ser de otra forma. Para que una persona invierta su dinero en un libro, es necesario tener unas cuantas garantías de que éste vale la pena.
Cuando alguien entra a una librería, se supone que todos -o casi todos- los libros que ve se han ganado la confianza de una editorial que ha invertido en ellos, y eso le da a entender a este posible lector que personas capacitadas ya han revisado el libro y les consta que es bueno.
Bubok lamentablemente no puede imprimirles esa confianza a sus posibles clientes. Éstos antes de comprarle uno de sus libros se preguntaran ¿quién es ese autor absolutamente desconocido?, ¿tendrá aunque sea un poco de talento?, ¿el libro estará bien escrito?, ¿habrá recibido una adecuada corrección?, ¿enviará Bubok un libro impreso con la necesaria calidad? Y desgraciadamente nadie puede despejarle esas dudas al lector, y quien duda, simplemente, no compra.
Esto viene a ser la razón de que Bubok, aunque tiene mucho que vender, vende bien poco. Pudiera decirse que demasiado poco. Y eso es una verdadera lastima, porque entre los miles de libros que ya tiene Bubok a la venta, bien pueden estar algunas obras maestras que desgraciadamente no tienen las herramientas para transmitir confianza. Y siendo así, allí se quedaran sin hacer mucho o nada de ruido.
Lo único que Bubok insta a hacer, es bajar los libros que son gratis que tienen una buena portada, un buen titulo y una buena sinopsis, y quizás entre ellos uno se encuentre a una maravilla que lo hará pasar muy buenos momentos. Nunca se sabe. 

6 ago 2012

Edad para leer los clásicos


Hace unos días fui a tomar un café con un antiguo profesor. En un rincón de la cafetería donde estábamos había un adolescente con un libro en las manos. Era nada menos que El Quijote. Que un joven de aparentemente 15 años lea ese libro ya da gusto. Actualmente a los jóvenes los atraen ciertas bazofias innombrables que uno a veces quisiera verlos haciendo otras cosas y no leyendo. Pero en fin, dejemos a Crepúsculo y otras tantas novelas por el estilo en paz.
Le dije al profesor que me alegraba el hecho de que los jóvenes leyeran El Quijote, y él, para mi asombro, me respondió que a él no. “No lo va a entender”, dijo, “y lo dará por leído. Cuando tenga la edad en que se pueden disfrutar los clásicos, ya no lo leerá”.
Me quedé asombrado, pero no pude menos que echarme sus palabras a la bolsa para reflexionarlas más adelante. De momento sólo me dediqué a hacer que abundara en su opinión. Me dijo que él cree que lo mejor para los jóvenes es leer esas cosas que algunos confunden por libros y que son de inicio a fin todo lo contrario a una buena novela. “Los jóvenes, prosiguió, aunque algunos son muy inteligentes, no entienden nada de calidad literaria, pero después de los treinta tendrán un mejor criterio y podrán disfrutar de las obras maestras en su justa medida. Entonces ya podrán leer a los clásicos, y los verán cómo son. Ahora no pueden distinguirlos de entre de esas novelas que abundan llenas, en el mejor de los casos, de errores arguméntales y de erratas”.
No puedo menos que reconocer que algo de razón tenía este hombre educado a mediados del pasado siglo. No digo que sea necesario estudiar un doctorado en literatura para entender a los clásicos, pero quizás los que leímos El Quijote siendo muy jóvenes debamos pensar muy seriamente en releerlo y no sólo limitarlos a recordarlo. Sin duda lo veremos con otros ojos.

26 jul 2012

Sagas literarias


Actualmente he visto que de la gran mayoría de libros que de editan, sobre todo para el público joven, se espera siempre una segunda, una tercera o cuarta e incluso más partes. Tanto editores como escritores lo tienen bien claro, si un libro vende, habrá que sacarle todo el provecho que se pueda, y la mejor forma es publicando una o varias continuaciones, tantas como los lectores quieran comprar.
Para los escritores escribir sagas es una buena forma de seguir vivos en las librerías. Si publican un libro y tienen relativo éxito, no todos les lectores que ganaron con él los seguirán con otra publicación totalmente diferente, pero si se trata de una continuación, todos aquéllos a quienes les gustó seguro que se harán con ella.
La formula, aunque siempre ha funcionado, la puso de moda la señora Rowling. El éxito de Harry Potter demuestra cuánto provecho se le puede sacar a una saga literaria. Y es justo decir que Rowling no hizo como otros, continuar a cómo le fuera posible un libro que vendió mucho, Harry Potter, nos consta a todos, fue ideado desde el principio como una saga literaria.
Pero no con todos ocurre de la misma manera. Algunos autores han ideado sus libros como una única entrega, pero si venden, ya podemos imaginar a su editor diciendo: “A ver cómo le haces, revives al protagonista o te sacas un hermano gemelo de la manga, pero escribe una segunda parte”.
El problema, porque siempre hay uno, es que los lectores ya se están hartando de las sagas literarias. Muchos se quejan de que si un libro les gusta no tendrán la paciencia para aguantar uno o dos años para leer la segunda parte, por eso algunas veces se inclinan por libros de una sola entrega, para no albergar dudas ni esperar. Quizás el fenómeno se generalice con el tiempo y llegue el momento en que los editores se inclinen por dejar descansar a las sagas una temporada, aunque es dudable, y por el momento siguen siendo el mejor negocio que pueden hacer. Saben que si pueden colocar en el gusto del público joven-adolescente un libro, ya podrán soñar con las jugosas ganancias de la séptima entrega.

9 jul 2012

La recuperación de la literatura


Antier que husmeaba en una librería de viejo -donde por cierto encontré algunos buenos títulos-, me puse a pensar en la gran cantidad de libros que están por allí olvidados, casi como si no hubieran existido. Libros de una sola edición, que quizás tuvieron éxito en la medida en que fueron promocionados, y que al poco tiempo pasaron a ser cosas del pasado, cubiertas por el olvido.
Es cierto que los editores, a veces, rescatan libros del pasado, los revisan y reeditan, pero para que eso ocurra el autor tuvo que haber tenido un considerable éxito, que en la actualidad alguna calle lleve su nombre, cuando no una escuela.
Porque los otros, los que no alcanzaron demasiada popularidad, difícilmente pueden ser reeditados si ya llevan algunas décadas muertos. Estamos en una época en que los lectores de hoy leen a los escritores de hoy. Eso es bueno, porque éstos están vivos y comen, los del pasado por lo menos ya no tienen gastos que afrontar.
Aun así, algunos produjeron obras que merecen ser reeditadas, que valen la pena y están en el olvido. Los hijos o los nietos poco se esmeran en revivirlos porque es una tarea estéril, aunque los libros tardan mucho en pasar de moda, las editoriales casi siempre quieren hacer presentaciones con el autor…, entre otras cosas.
Las plataformas para vender libros eléctricos, y los lectores para estos libros, han dado grandes posibilidades a los hijos y a los nietos de autores en el olvido para reeditar sus obras. Eso es algo muy bueno. Se entiende que los editores, con la obligación de un tiraje mínimo de 1.000 ejemplares, más gastos de promoción y distribución, no sean muy propensos a revivir libros, pero ahora ya no hacen falta, ahora sólo se requiere un poco de voluntad por parte de los herederos del autor para digitalizar los libros y subirlos a Amazon.
A mí particularmente, que  leo pocas novedades, me alegra mucho que esto ocurra. Es probable que ninguno de esos libros llegue a superventas, pero es bueno que estén localizables, por si alguien quiere hacerse con ellos. Hay muchas cosas del pasado que no es bueno traerlas al presente, pero con los libros es todo lo contrario, es bueno que los tengamos de vuelta. 

30 jun 2012

La era de los escritores jóvenes


Hace días que no me apetecía entrar al blog. No ando de ánimos. Cosas que pasan. Pero a veces escribir me ayuda a relajarme, incluso más que leer. Cuando estoy perturbado difícilmente puedo leer una página de un libro, que es mi mayor vicio, en cambio sí puedo escribir, aunque sea mal, como lo hacemos muchos. No hay que ser Borges u Octavio Paz para escribir. Si eso fuera habría pocos libros en las librerías.
En cambio, porque muchos sin el menor talento se ponen a juntar letras y palabras, y porque hay editores que se han convencido de que todo libro, si se le acompaña de una conveniente campaña de promoción, vende, las librerías están llenas de libros que van cambiando constantemente, como la fruta en un mercado, como si pudieran echarse a perder.
Hace poco leí una opinión respecto a que ya no estamos en la era de los escritores. Eso es un enorme error. Estamos en la era en que leer es una moda. Los escritores, algunos, alcanzan fama de autor hollywoodense, aunque para ello es necesario escribir sobre vampiros guapos y niños magos. Las señoras Rowling y Meyer -muy buena escritora la primera y malísima la segunda- han creado dos modas que abrieron innumerables puertas a escritores jóvenes, para los que antes sencillamente no había muchas.
En el pasado la obra de un escritor joven jamás, o rarísimas veces, era elogiada por la crítica. “Buen inicio” era el mejor comentario que podía recibir. Y ser joven, como escritor, era regularmente alrededor de los 30, cuando ya se había terminado la universidad, cuando ya se había merendado una biblioteca de considerable tamaño, cuando el corazón empezaba a latir más lentamente.
Hubo casos de escritores  con fama precoz, pero fueron rarezas. Hoy en día todo ha cambiado. Estamos en la época de los escritores jóvenes. Algunos en sus 25 ya llevan varios títulos publicados y tienen bien labrada cierta fama. La literatura para jóvenes hoy, casi toda, la escriben jóvenes. Y, curiosamente, los jóvenes hoy en día son quienes más leen.
Es extraño que una época en la que la tecnología brinda innumerables maneras de perder el tiempo se lea tanto. Es extraño y bueno. Lo malo, porque siempre tiene que haber algo malo, es que la literatura para jóvenes es casi siempre pésima. Y no digo que sea porque es escrita por jóvenes, hay muchos con la cabeza llena de talento, lo digo porque se pública la peor que se escribe.
La crítica profesional, incluso, muchas veces baja la guardia. Se les dan premios y se les atribuye una maestría excepcional a autores malísimos. ¿Por qué? No lo sé. Los críticos ya no son los mismos de antes. No me imagino a Borges escribiendo una reseña para resaltar las cualidades literarias de Crepúsculo. Pero muchos críticos sí lo han hecho, quizás para adaptarse a la moda, para no ser considerados radicales, o para que no los corran del diario donde trabajan.
Lo extraordinario a fin de cuentas es que en esta difícil y hermosa época en que vivimos a los jóvenes les ha dado mucho por leer. Y gracias a eso otros jóvenes han podido publicar sus libros, porque los jóvenes buscan a más jóvenes para sentirse a gusto. Tiene, después de todo, lógica la cosa. 

17 jun 2012

Libros autoeditados


Existen muchos autores que se cansan de buscar un editor y ellos mismos imprimen su libro y lo distribuyen en la medida de sus posibilidades. Esos libros lamentablemente no se venden, o se venden bien poco. Si no hay promoción y una adecuada distribución no puede ser de otra manera. El famoso fenómeno de boca a boca rara vez se presenta.
Yo soy de los lectores que compran esta clase de libros. Algunas veces porque se adaptan al tema que estoy investigando en el momento o simplemente porque por una extraordinaria casualidad los veo en el rincón que les tocó en la librería, los hojeo y, si me atraen, me los llevo sin fruncir el ceño si es que no son baratos, ya que no tienen que serlo a fuerzas.
Hoy en día ya no hace falta ser valiente para autoeditar un libro. Se puede hacer gratis en plataformas como Amazon. Allí sin duda están ya algunas obras maestras que por falta de difusión nadie o casi nadie compra. Y también porque los lectores les tienen miedo a los libros autoeditados y los evitan. Y ese fenómeno ocurre por culpa de los… autores.
De los muchos libros autoeditados que me he leído, en la gran mayoría he hallado erratas al por mayor. A veces en la primera página abundan. No sé francamente qué piensan algunos autores cuando autoeditan sus libros. Los quieren, quizás, más que a sus hijos y creen que cuando escriben el último párrafo ya son perfectos, obras maestras incuestionables que no requieren la más mínima revisión.
Siendo sincero, me consta que muchos autores autoeditan obras verdaderamente infumables. Quizás algunas tendrían mejor calidad pero es imposible hallarla por la abundancia de erratas. Así jamás un lector prestaría seriedad a un texto, y por la misma razón casi nadie confía en los libros autoeditados. 
No me explico por qué, si un autor cree que su libro merece ser publicado, no se lo lee él mismo. Así limpiaría el mar de erratas que es casi siempre un libro recién terminado.
Hasta los autores consagrados dejan erratas en sus libros. En las editoriales tienen que someterlos a un profundo proceso de limpieza. Y cuando un autor autoedita su libro, ese trabajo le toca a él. Se tiene que leer el libro cuando menos unas cinco veces. Después estará casi limpio, con unas cuantas erratas justificables en una primera edición, pero no veinte por párrafo como ocurre con la mayoría de los libros autoeditados.
Sería bueno que los autores se quitaran la pereza de encima y al terminar sus libros no se dedicaran a tratar de publicarlos, sino a limpiarlos. Así subiría la calidad de libros autoeditados y los lectores confiarían en ellos. Se venderían.
No es justificable que los autores no sean muy buenos con la ortografía o que no tengan recursos para acudir a una editorial que publique libros autoeditados o a un experto. Si alguien quiere escribir libros primero tiene que aprender a escribir bien el idioma en que lo hará. Ésa es una regla básica. Un diccionario de la RAE puede conseguirse fácilmente. No hay pretextos.
Quizás de cada cien libros autoeditados que salen a la venta, en formato impreso o digital, cinco están bien escritos, por  autores que saben lo que buscan y que han dedicado el tiempo justo a sus obras hasta considerar que están listas, y los otros noventa y cinco sean verdaderas payasadas impresentables que sólo perjudicarán a los cinco buenos, aumentando la mala fama que tienen los libros autoeditados.

11 jun 2012

Piratería literaria


Afortunadamente para los editores del pasado, que no de los del presente, los piratas, de ésos que ya no usan parche y quizás ni el mar conocen, habían fijado siempre la mirada en la música y las películas, dejando los libros como un negocio para ellos poco lucrativo. Se lee menos que se escucha música y se va al cine, y además el reproducir un libro pirata no tiene por qué ser más barato que un original.
Cierto que han habido libros piratas, que muchos tal vez tenemos uno en nuestra biblioteca y no lo sabemos. Pero el fenómeno ha sido más bien modesto. Los editores, los dueños de las grandes editoriales, podían vivir tranquilos en sus mansiones, que los piratas no les afectarían sustancialmente.
Todavía muchos no se espantaron tanto con el Internet. Al contrario, los benefició. Ni de chiste se habrían vendido tantos ejemplares del niño mago sin esta cosa que hoy nos ocupa buena parte del día. Y aunque aparecieron los libros digitales, leerlos frente a un monitor no es nada recomendable, a nadie le gusta, por lo tanto los editores siguieron tan tranquilos.
Pero después del libro electrónico surgió lo que era de esperarse: el lector para esos libros. Y ahora sí se prendieron las alarmas. Los editores, a pesar de que producir una copia no les cuesta nada, temen ponerla a la venta porque el primer comprador podría subirla gratis a la red. Hemos llegado a una época en que la piratería de los libros puede competir, en porcentaje de pérdidas, con la de la música.
Ya abunda información al respecto. Se venden lectores pero, extrañamente, no se venden libros. Muchos que compran un lector lo hacen no con la intención de leer libros más baratos sino de leerlos gratis. ¿Para qué comprar un libro -pensarán- si se puede bajar de la red sin pagar?
Lo extraño es que apenas estamos en la época de los debates, y los libros electrónicos ya son un artículo  muy consumido. Todo mundo está de acuerdo en que si la cosas funcionaran bien, sería un negocio muy lucrativo. Dos euros o cuatro dólares por una copia de un libro que no costó nada producir es el cielo a un metro de altura para editores y escritores… El problema es que los lectores se niegan a pagar siquiera esas pequeñas cantidades, porque el Internet, que también educa, los ha acostumbrado a que se pueden conseguir gratis muchas cosas.