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5 dic. 2011

Sin hogar ni lugar

En días pasados hablé de dos novelas policíacas malas, así que ya tocaba reseñar una buena, pero, ya encarrilado, mejor dedico la entrada a una que no es buena, sino extraordinaria. Se trata de Sin hogar ni lugar, publicada en 1997, y se la debemos a la francesa Fred Vargas, una verdadera maestra del genero que entre más escribe más buena se hace, como debe de ser.
Ludwig Kehlweiler, un ex policía francés con, como puede verse, nombre alemán, se dedica a pasar de la lengua de su padre a la lengua de su madre una biografía del Canciller de Hierro sin prestar atención a un artículo del diario que anuncia el terrible asesinato de una mujer, el segundo con el mismo modus operandi en muy pocos días. Por la madrugada, una vieja amiga suya lo busca con urgencia para contarle una historia. Marthe, la amiga, en su juventud fue prostituta y llegó a tomarle gran cariño a un chiquillo que mal vivía en la misma calle donde ella sellaba sus contratos.
El chiquillo en cuestión, de nombre Clément,  apenas podía expresarse por su condición de retrasado. Marthe dedicó su tiempo libre a ocuparse de él y no sin esfuerzo lo enseñó a hablar y a leer, aunque no tan bien como hubiera querido. Pero un día el padre se lo llevó y tres lustros después Clément, ya todo un hombre, acude a ella en busca de ayuda porque la policía tiene la seguridad de que él mató a dos mujeres.
Ludwig, o Louis, o el Alemán, según quien se refiera a él, se deja llevar por las evidentes pruebas y cree que sólo Marthe por su amor maternal confía en la inocencia de Clément, pero tampoco puede ignorar que si éste es tan idiota como a simple vista parece, no podría ser el asesino ni por accidente. Y si Clément no es el asesino, entonces alguien que lo odia está tratando de inculparlo, pero ¿quién y por qué podría odiar a un pobre infeliz que de milagro no se mete el pan por la nariz?
El Alemán, con más deseos de demostrarle a su vieja amiga que su niño es un asesino que de probar su inocencia, se pondrá a indagar en el pasado de Clément, donde descubrirá que hay más crímenes relacionados con él que ya están archivados y sin resolver. Llegará a preguntarse no pocas veces si el débil mental es realmente tan idiota como aparenta.
Esta novela es tan buena que es adictiva. Quien gusta del género no podría con facilidad despegarse de ella una vez leídas las primeras páginas. El argumento está bastante bien concebido y si hay errores son mínimos y no demeritan en nada la gran calidad. Vargas logra tejer una enmarañadísima trama y jamás deja que el lector se incline demasiado por alguno de los varios sospechosos, lo cual se agradece, porque así la novela se disfruta de principio a fin. 

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