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8 dic. 2011

El animal moribundo

Que Philip Roth es el mejor novelista norteamericano lo aseguran casi todos los críticos y, justo es decirlo, es muy probable que no se equivoquen; su prosa es sencillamente extraordinaria, pero no por ello todas sus novelas tienen que ser buenas. 
El animal moribundo, publicada en el 2001, es una novela que podríamos catalogar como erótica y que invita a creer que Roth la escribió en unas cuantas noches sin detenerse a revisar la estructura. Según puede verse, la fue escribiendo como le fue saliendo de la mente sin haber hecho antes algunos apuntes para que le sirvieran de guía. En esta obra recurre a un antiguo personaje muy suyo, David Kepesh, un viejo y calenturiento profesor universitario que utiliza su apariencia de hombre culto para seducir a sus alumnas.
Kepesh tiene su plan ya muy bien trazado para cada curso: desde el principio pone el ojo en la alumna más bella y al final la hace caer en sus redes. Un buen día se encuentra en una de sus clases a Consuelo Castillo, una bellísima joven cubana-americana que lo enciende al instante. Cauteloso como le dicta su experiencia, se toma su tiempo para ir seduciendo a la hermosa cubana que a fin de cuentas no tarda mucho en ceder. Pero la tortura para Kepesh no empieza antes de lograr seducirla sino cuando ya ha conseguido llevar a Consuelo a su cama. Ella es una joven llena de energías y con su libido en pleno apogeo, en cambio, Kepesh, es un viejo que ya pide pausas.
Pronto inician las dudas, las preguntas sobre los antiguos novios que eran jóvenes y que estaban llenos de energía, y es el propio Kepesh el que decide alejarse de Consuelo a la manera del soldado que se rinde antes de que lo maten porque sabe que no tiene salvación.
Roth se pasa la novela filosofando con esa prosa suya que es única y extraordinaria. Por lo demás, la historia es de mediana calidad con un final sin pena ni gloria. Sencillamente, lo que hace que valga la pena el libro es el estilo del autor, sobre el cual la calidad no puede cuestionarse.

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