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10 dic. 2011

El padre Sergio

Aunque este blog no está dedicado exclusivamente a la narrativa rusa del siglo XIX, debo de confesar que siento cierta debilidad por ésta. La obra que hoy nos ocupa es una pequeña novela de León Tolstói llamada El padre Sergio, escrita en el crepúsculo del siglo en que los escritores rusos superaron a sus colegas de todo el mundo, aunque, justo es decirlo, no con mucho.
Stepán Kasatski es un joven militar aristocrático ruso con una ambición que se lo come por dentro. Quiere ser el mejor en todo y pone su mayor empeño para lograrlo, el mismo que lo lleva al éxito. Cuando descubre que para meterse entre la más alta nobleza, donde le han cerrado las puestas, requiere de una esposa bien situada, pone el ojo en una bella y joven condesa que no tendría por qué aceptarlo a él, pero, sin embargo, lo acepta.
Cuando el compromiso ya está hecho, y Stepán más que feliz, su prometida le revela que ha tenido un amante y que ese amante es el mismísimo Zar. Desilusionado y herido en lo más hondo, Stepán renuncia a todo y se convierte en monje. Pero esta nueva actitud, a pesar de que revela su deseo de aislarse, también obedece a una nueva ambición de Stepán: la de estar moralmente por encima de aquéllos que sucumben a las tentaciones terrenales.
Precisamente para alejarse de las tentaciones que no lo dejan en paz, después de haber sido ordenado padre con el nombre de Sergio, decide aislarse por completo y se encierra en una celda de un escondido monasterio. Pero ni siquiera allí logra calmar sus ánimos tan típicos en el ser humano.  Al pasar algunos años, y después de resistir la tentación que le provocó una dama divorciada que entró a su celda con las mejores intenciones del mundo, el padre Sergio cobra fama en toda Rusia y los peregrinos acuden a él en estampida pidiéndole que les haga el milagro de curarlos.
El Padre, aunque trata de resistirse, disfruta de la gran importancia que le profesan y no desestima la posibilidad de llegar a santo, como ya lo llaman sus fieles. Pero repentinamente llega hasta él un mercader con su joven hija para que la cure, y el Padre, después de tanto soportar, decide combatir la tentación de la forma que le habría recomendado Oscar Wilde, es decir, sucumbiendo a ella.
A la mañana siguiente, torturado por su debilidad, el padre Sergio huye y poco después encuentra entre sus recuerdos a una amiga de su niñez, Páshenka, de quien se había burlado injustamente en aquella lejana infancia. Decide ir a buscarla de manera anónima, pidiendo limosna en los pueblos hasta librar la larga distancia que lo separa de su vieja amiga. Sergio encuentra a Páshenka entregada por completo al sacrificio, como madre, abuela y sostén de su familia, sin protestar siquiera por su situación y su larga vida llena de sufrimiento. Es entonces cuando Sergio se hace una pregunta que no tarda mucho en responderse: ¿quién ha servido más a Dios, Páshenka entregada por completo a aquéllos que la necesitan, o él, encerrado y limitándose a no dar más ayuda que consejos?
El padre Sergio es una pequeña novela que cuestiona sutilmente las ataduras que generan los prejuicios y nos lleva a creer que sin importar lo que hagamos y la satisfacción que ello nos genere, la duda siempre estará presente. 

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