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30 jun 2012

La era de los escritores jóvenes


Hace días que no me apetecía entrar al blog. No ando de ánimos. Cosas que pasan. Pero a veces escribir me ayuda a relajarme, incluso más que leer. Cuando estoy perturbado difícilmente puedo leer una página de un libro, que es mi mayor vicio, en cambio sí puedo escribir, aunque sea mal, como lo hacemos muchos. No hay que ser Borges u Octavio Paz para escribir. Si eso fuera habría pocos libros en las librerías.
En cambio, porque muchos sin el menor talento se ponen a juntar letras y palabras, y porque hay editores que se han convencido de que todo libro, si se le acompaña de una conveniente campaña de promoción, vende, las librerías están llenas de libros que van cambiando constantemente, como la fruta en un mercado, como si pudieran echarse a perder.
Hace poco leí una opinión respecto a que ya no estamos en la era de los escritores. Eso es un enorme error. Estamos en la era en que leer es una moda. Los escritores, algunos, alcanzan fama de autor hollywoodense, aunque para ello es necesario escribir sobre vampiros guapos y niños magos. Las señoras Rowling y Meyer -muy buena escritora la primera y malísima la segunda- han creado dos modas que abrieron innumerables puertas a escritores jóvenes, para los que antes sencillamente no había muchas.
En el pasado la obra de un escritor joven jamás, o rarísimas veces, era elogiada por la crítica. “Buen inicio” era el mejor comentario que podía recibir. Y ser joven, como escritor, era regularmente alrededor de los 30, cuando ya se había terminado la universidad, cuando ya se había merendado una biblioteca de considerable tamaño, cuando el corazón empezaba a latir más lentamente.
Hubo casos de escritores  con fama precoz, pero fueron rarezas. Hoy en día todo ha cambiado. Estamos en la época de los escritores jóvenes. Algunos en sus 25 ya llevan varios títulos publicados y tienen bien labrada cierta fama. La literatura para jóvenes hoy, casi toda, la escriben jóvenes. Y, curiosamente, los jóvenes hoy en día son quienes más leen.
Es extraño que una época en la que la tecnología brinda innumerables maneras de perder el tiempo se lea tanto. Es extraño y bueno. Lo malo, porque siempre tiene que haber algo malo, es que la literatura para jóvenes es casi siempre pésima. Y no digo que sea porque es escrita por jóvenes, hay muchos con la cabeza llena de talento, lo digo porque se pública la peor que se escribe.
La crítica profesional, incluso, muchas veces baja la guardia. Se les dan premios y se les atribuye una maestría excepcional a autores malísimos. ¿Por qué? No lo sé. Los críticos ya no son los mismos de antes. No me imagino a Borges escribiendo una reseña para resaltar las cualidades literarias de Crepúsculo. Pero muchos críticos sí lo han hecho, quizás para adaptarse a la moda, para no ser considerados radicales, o para que no los corran del diario donde trabajan.
Lo extraordinario a fin de cuentas es que en esta difícil y hermosa época en que vivimos a los jóvenes les ha dado mucho por leer. Y gracias a eso otros jóvenes han podido publicar sus libros, porque los jóvenes buscan a más jóvenes para sentirse a gusto. Tiene, después de todo, lógica la cosa. 

17 jun 2012

Libros autoeditados


Existen muchos autores que se cansan de buscar un editor y ellos mismos imprimen su libro y lo distribuyen en la medida de sus posibilidades. Esos libros lamentablemente no se venden, o se venden bien poco. Si no hay promoción y una adecuada distribución no puede ser de otra manera. El famoso fenómeno de boca a boca rara vez se presenta.
Yo soy de los lectores que compran esta clase de libros. Algunas veces porque se adaptan al tema que estoy investigando en el momento o simplemente porque por una extraordinaria casualidad los veo en el rincón que les tocó en la librería, los hojeo y, si me atraen, me los llevo sin fruncir el ceño si es que no son baratos, ya que no tienen que serlo a fuerzas.
Hoy en día ya no hace falta ser valiente para autoeditar un libro. Se puede hacer gratis en plataformas como Amazon. Allí sin duda están ya algunas obras maestras que por falta de difusión nadie o casi nadie compra. Y también porque los lectores les tienen miedo a los libros autoeditados y los evitan. Y ese fenómeno ocurre por culpa de los… autores.
De los muchos libros autoeditados que me he leído, en la gran mayoría he hallado erratas al por mayor. A veces en la primera página abundan. No sé francamente qué piensan algunos autores cuando autoeditan sus libros. Los quieren, quizás, más que a sus hijos y creen que cuando escriben el último párrafo ya son perfectos, obras maestras incuestionables que no requieren la más mínima revisión.
Siendo sincero, me consta que muchos autores autoeditan obras verdaderamente infumables. Quizás algunas tendrían mejor calidad pero es imposible hallarla por la abundancia de erratas. Así jamás un lector prestaría seriedad a un texto, y por la misma razón casi nadie confía en los libros autoeditados. 
No me explico por qué, si un autor cree que su libro merece ser publicado, no se lo lee él mismo. Así limpiaría el mar de erratas que es casi siempre un libro recién terminado.
Hasta los autores consagrados dejan erratas en sus libros. En las editoriales tienen que someterlos a un profundo proceso de limpieza. Y cuando un autor autoedita su libro, ese trabajo le toca a él. Se tiene que leer el libro cuando menos unas cinco veces. Después estará casi limpio, con unas cuantas erratas justificables en una primera edición, pero no veinte por párrafo como ocurre con la mayoría de los libros autoeditados.
Sería bueno que los autores se quitaran la pereza de encima y al terminar sus libros no se dedicaran a tratar de publicarlos, sino a limpiarlos. Así subiría la calidad de libros autoeditados y los lectores confiarían en ellos. Se venderían.
No es justificable que los autores no sean muy buenos con la ortografía o que no tengan recursos para acudir a una editorial que publique libros autoeditados o a un experto. Si alguien quiere escribir libros primero tiene que aprender a escribir bien el idioma en que lo hará. Ésa es una regla básica. Un diccionario de la RAE puede conseguirse fácilmente. No hay pretextos.
Quizás de cada cien libros autoeditados que salen a la venta, en formato impreso o digital, cinco están bien escritos, por  autores que saben lo que buscan y que han dedicado el tiempo justo a sus obras hasta considerar que están listas, y los otros noventa y cinco sean verdaderas payasadas impresentables que sólo perjudicarán a los cinco buenos, aumentando la mala fama que tienen los libros autoeditados.

11 jun 2012

Piratería literaria


Afortunadamente para los editores del pasado, que no de los del presente, los piratas, de ésos que ya no usan parche y quizás ni el mar conocen, habían fijado siempre la mirada en la música y las películas, dejando los libros como un negocio para ellos poco lucrativo. Se lee menos que se escucha música y se va al cine, y además el reproducir un libro pirata no tiene por qué ser más barato que un original.
Cierto que han habido libros piratas, que muchos tal vez tenemos uno en nuestra biblioteca y no lo sabemos. Pero el fenómeno ha sido más bien modesto. Los editores, los dueños de las grandes editoriales, podían vivir tranquilos en sus mansiones, que los piratas no les afectarían sustancialmente.
Todavía muchos no se espantaron tanto con el Internet. Al contrario, los benefició. Ni de chiste se habrían vendido tantos ejemplares del niño mago sin esta cosa que hoy nos ocupa buena parte del día. Y aunque aparecieron los libros digitales, leerlos frente a un monitor no es nada recomendable, a nadie le gusta, por lo tanto los editores siguieron tan tranquilos.
Pero después del libro electrónico surgió lo que era de esperarse: el lector para esos libros. Y ahora sí se prendieron las alarmas. Los editores, a pesar de que producir una copia no les cuesta nada, temen ponerla a la venta porque el primer comprador podría subirla gratis a la red. Hemos llegado a una época en que la piratería de los libros puede competir, en porcentaje de pérdidas, con la de la música.
Ya abunda información al respecto. Se venden lectores pero, extrañamente, no se venden libros. Muchos que compran un lector lo hacen no con la intención de leer libros más baratos sino de leerlos gratis. ¿Para qué comprar un libro -pensarán- si se puede bajar de la red sin pagar?
Lo extraño es que apenas estamos en la época de los debates, y los libros electrónicos ya son un artículo  muy consumido. Todo mundo está de acuerdo en que si la cosas funcionaran bien, sería un negocio muy lucrativo. Dos euros o cuatro dólares por una copia de un libro que no costó nada producir es el cielo a un metro de altura para editores y escritores… El problema es que los lectores se niegan a pagar siquiera esas pequeñas cantidades, porque el Internet, que también educa, los ha acostumbrado a que se pueden conseguir gratis muchas cosas.

26 may 2012

¿Los libreros prescriben?


En muchas ocasiones he leído aquello de que un librero no sólo vende libros, sino que también es un excelente crítico que pone al alcance de sus clientes la mejor literatura. Quizás eso era antes, aunque tengo mis dudas. Pero si un librero, en los tiempos que corren, se pone a ser selectivo, en cuanto a calidad literaria se refiere, con los libros que vende, pronto morirá de inanición.
Conozco a algunos libreros, y a más de uno con buen gusto literario, pero incluso ellos aceptan que no leen lo que más venden. Un librero tiene que tener un buen ojo para seleccionar el local donde pondrá su librería, en alguna calle muy transitada, y mejor aún una esquina, cerca de una universidad, junto a una cafetería, entre otras cosas. Pero dudo que haya muchos que se propongan vender buena literatura. Una librería no deja de ser un negocio y todos los negocios venden los productos de los que más se habla.
Recuerdo que después de que Barack Obama ganó la presidencia de los Estados Unidos, su libro, Sueños de mi padre, tapizaba los escaparates y los muros de las librerías a donde entraba. Cuando el cantante Ricky Martin confesó sus preferencias sexuales y después escribió un libro, éste era exhibido a montones en las librerías. El último libro que vi en tales circunstancias fue una biografía de Steve Joves,  poco después de su muerte.
Lo mismo pasa con las novelas que ganan el Premio Planeta, las de Dan Brown y un sin fin de etcéteras. Los libreros sólo piden lo que más se vende y lo ponen donde el posible lector pueda verlo sin que siquiera entre a la librería. Si un lector toma entre sus manos El código Da Vinci o Crepúsculo, el librero sonríe y quizás diga “excelente elección, señor”. Y es que la mayoría, como casi cualquier comerciante en época de crisis, son muy educados y le dan al cliente lo que pide. Se trata de sobrevivir.
Alguna vez, reflexionando con un amigo, llegamos a la conclusión de que las mejores obras literarias muchas veces están en las librerías de viejo. Allí no hay novedades, y eso es bueno, porque la producción editorial en español, autóctona y traducida, cada vez es peor. Aunque se sigue escribiendo bien, los editores publican sólo lo que creen que puede venderse y traducen lo que se vende mucho. Se adaptan a nosotros los lectores, que cada vez somos menos exigentes.

25 may 2012

Comentarios ofensivos


Apenas acabo de darme cuenta que alguien se tomó la molestia de dejar un comentario en mi reseña de La conjura de los necios. Lamentablemente fue para insultarme por lo que dije del libro. No sé por qué hay tantas personas que disfrutan agrediendo gracias al anonimato que brinda la red. El español es un idioma demasiado rico en palabras y las hay suficientes para resolver problemas sin recurrir a las más indeseables.
El comentario ya lo borré, aunque estuvo allí más de una semana porque no me había dado cuenta de su existencia. 

14 may 2012

El valor de una reseña


Desde que tengo blog me he dado cuenta de que no sólo las editoriales envían libros a los blogueros para obtener reseñas sobre éstos, también autores los contactan para saber si les interesaría recibir su obra totalmente gratis por correo.
Sin duda ya a todos, editores y autores, y también a lectores, les ha quedado bien claro cuánto vale una reseña sobre un libro, o, mejor dicho, cuánto bien puede hacerle. La reseña va a quedarse en el blog por siempre o cuando menos por muchos años. No ocurre como con la prensa impresa que si alguien no compraba la publicación el día que la reseña salía ya no podría enterarse de la existencia de determinado libro. El diario o revista iría a parar probablemente a la basura o a un lugar donde sería utilizado para cosas  en nada parecidas a la cultura.
Muchas veces pasa que estamos buscando información en la red y terminamos, sin querer, en un blog que tiene una reseña muy buena, publicada meses o años atrás, de un libro que se nos antoja comprar ya. Por eso precisamente los editores y los autores se toman la molestia de envolver con mucho cariño un libro e ir a la oficina de correos a enviárselo a un bloguero.
No sé si a los blogueros que reseñan libros que les obsequian les hacen previamente la advertencia de: “Te lo regalo pero no escribas una reseña negativa”. Y quizás si los obsequiosos no lo dicen sí lo piensan, porque una reseña negativa  puede echar al suelo a varias positivas. A veces cuando estamos pensando leer un libro lo primero que hacemos es buscar reseñas sobre él para no dar un paso en falso, y si encontramos una en la que no sale muy bien librado mejor lo pensaremos dos, tres o cuatro veces antes de ir por él a la librería. Raros serán los lectores que con leer una sola reseña deciden comprar un libro.
Digna de posar para un pintor debe de ser la cara de un autor o editor que después de tener la amabilidad de regalar un libro con el coste de envío incluido se encuentra con que le devuelven una reseña en la que lo califican de obra infumable. Y me imagino que muchos blogueros no se atreven a hacerlo para no verse malagradecidos. Aunque mis sospechas tengo de que Rosalía no se tentaría el corazón ni aunque el libro le llegue junto con un ramo de flores. Por algo tengo mucha confianza en sus reseñas.
Pero como quiera que sea, una reseña vale mucho, ya con el simple hecho de que se hable de un libro la promoción de éste crece. Finalmente, aunque la reseña no lo califique de obra maestra, nunca se sabe a ciencia cierta qué exactamente busca un lector. Pero es innegable que quienes regalan los libros quisieran que todas las reseñas fueran buenas, porque se quedan allí quién sabe hasta cuándo y cualquiera puede llegar a ellas sin necesidad de buscarlas.  

4 may 2012

¿En qué página dejas de leer un libro?


Algunas personas me han contado que les es suficiente la primera página para saber si seguirán leyendo un libro. Otras dicen que las primeras diez páginas revelan lo que esconde el resto. Y otras más me han dicho que requieren más o menos las primeras treinta páginas para saber si dejan el libro a un lado o terminan de leerlo.
Yo no podría decir en qué página sé si el libro me resultará bueno. Porque no siempre ocurre lo mismo. Es cierto que algunas veces desde la primera página nos damos cuenta de que el autor erró al momento de elegir el oficio. Otras veces las primeras páginas revelan que el libro no es una maravilla, pero tampoco muy malo. Y se dan casos en que desde el principio nos damos cuenta de que lo que tenemos en las manos es una obra sencillamente extraordinaria.
También hay libros que inician bien, o más o menos bien, y después decaen. Con otros ocurre lo contrario. Quizás porque es difícil encontrar una obra perfecta de principio a fin. Dicen que a algunos editores no les importa mucho que el libro sea bueno, sino que el principio sea bueno. Lo demás poca importancia tiene para ellos. Pero yo me he dado cuenta que se editan muchos libros malos desde la primeras cinco… palabras.
Con el tiempo me he vuelto muy exigente. Pero aun así leo de todo. Leo libros malos, muy malos, a veces sólo por curiosidad, para tratar de entender cómo o por qué se escribe, se edita y se vende cosa semejante. Pero no los leo rápido, eso ya sería mucho.  Los leo poco a poco, unas cuantas páginas apenas por semana. Tengo la mala costumbre de leer todo  libro que compro, con la diferencia de que a los buenos los leo en tres o cinco días y a los malos en un año.
Hace poco una amiga me recomendó comprar de vez en cuando una novela a ciegas. Vamos, así: tomarla en la librería leyendo apenas el titulo, ignorando o viendo de reojo el nombre del autor. Me dijo que de esa forma ella se ha llevado unas sorpresas muy agradables. Seguí su consejo, creo que ya en cuatro ocasiones. Nada bueno aún. Pero tengo la intención de volver a probar. 
Creo que la mayoría de las personas sí abandonan para siempre un libro si no les gusta. Quizás yo soy de los pocos que no lo hacen. En una ocasión un profesor me dijo que hasta de los libros malos se aprende algo. No estoy tan seguro, tal vez es una pérdida de valioso tiempo, pero aun así los leo, aunque muy lentamente.

23 abr 2012

Libros de ocasión

No me gustan los tiempos de elecciones. No voto. Nunca jamás votaré. No quiero ser responsable de que un patán o una patána -que los hay en ambos lados- cometa crímenes contra la libertad con ayuda mía. Hay algunos políticos buenos, que podrían mejorar la economía en lugar de enterrarla más. ¡Pero son pocos y jamás ganan una elección! Para ganarlas hay que no tener escrúpulos, amar el dinero gratis y el poder que dan los cargos públicos.
En fin, no me pasaré la entrada hablando de política, no es ésa mi intención. Decía que no me gustan los tiempos de lecciones porque las librerías se llenan de basura. Y en tiempos normales ya hay bastante. Todos los candidatos se sienten Churchill. Más bien no se sienten, quieren ser vistos así. Por ello les da por escribir un libro. O conseguir a un negro literario para que les escriba un libro. O a alguien que pula la porquería que ya hicieron, porque quieren ser en algo honestos. Escribir la mitad del libro.
Y veo que esos libros se venden bien. Los libreros los ponen en lugares privilegiados, junto al Premio Planeta de turno, y se venden, porque la gente los ve. Son libros que, si el candidato pierde, no se volverán a editar jamás. Pero no se escriben para eso, supongo, tienen una función y ésta dura poco. Unos meses. Del día de votar en adelante el último Premio Planeta necesitará otro vecino.
Pero no todos los libros de este tipo los escriben candidatos para ganar. Hay otros que los escriben sus opositores para que no ganen. Tanta buena literatura que hay en el mundo y estos tipos en lo que vienen a gastarse la tinta. Y el papel. Eso es triste, y enoja. Pero es aún más triste, y enoja más, que haya quien los compra. ¿Por qué será? ¿Alguien piensa que en esos libros hay honestidad? Algunas veces leo libros escritos por políticos retirados, que no son sus memorias, sino sus reflexiones. Y creo que son un poquito más dignos de leerse. Pero no lo hago mucho. Prefiero gastar mi vista en cosas mucho mejores. Dostoyevsky, por ejemplo.
Luego vienen los libros visionarios. Y apocalípticos. Que también se venden bien. Pero a su debido tiempo. En las librerías de viejo veo muchos sobre la Guerra Fría, lo que habría de venírsenos encima, el imperio Japonés que no tenía freno, la gran riqueza que habría de alcanzar Cuba una década después de la implantación del comunismo, el fin del libre comercio, el enriquecimiento de Latinoamérica si seguía el camino cubano, el resurgimiento de África con potencias mundiales después de la desaparición del colonialismo. Y tantas cosas más.
Mucho de lo que se predijo en esos libros no pasó. De otros pasó todo lo contrario. Quizás por eso están allí en las librerías de viejo, a precios bajísimos. No se volverán a editar. Pero en su momento llenaron las librerías. Fueron superventas. Cumplieron, quizás, su parte. 
Ahora que vienen las elecciones en Estados Unidos, no he visto aún biografías, en español, de Mitt Romney, pero las veré pronto. Si gana, se seguirán editando y habrá muchas más. Si pierde, las encontraremos en unos cuantos años, casi regaladas, en las librerías de viejo.

17 abr 2012

Y tu biblioteca, ¿cómo es?

Hace unos días me encontraba de visita en casa de una persona a la que conocí recientemente. Al ver su biblioteca no niego que me impresioné un poco. Sus libros son todos aparentemente nuevos. Me refiero a que aun tratándose de obras que se publicaron hace muchos años, las ediciones son recientes.
No vi allí un solo libro de esos viejos de tapa  dura, comúnmente de lomo verde, que a mí tanto me gustan. Pude ver que los tiene ordenados por editoriales y quién sabe bajo qué otros lineamientos. Me pareció una biblioteca digna de una persona que apenas llega a los treinta, porque siendo así no tendría razón alguna para tener libros viejos.
Pero no pude evitar ponerme a pensar en mi propia biblioteca. Ésa que empecé a cultivar desde niño. Y es que allí yo no tengo ningún orden. Voy acomodando los libros conforme van llegando, o donde les hallo espacio. Tengo libros que se imprimieron hace siglo y medio junto a otros del año pasado. Voy a veces a las librerías de viejo a buscar tesoros que nadie sabe que lo son. Y luego ocurre que los encuentro y sin buscar mucho.
Creo que a mediados del siglo pasado las traducciones que se hacían al español casi siempre valían la pena. Ahora se traduce lo que vende, no lo que vale. Pero me he encontrado algunas obras impresas hace medio siglo o más, traducciones todas y no solo del inglés, que me han dejado impresionado por su gran calidad. Aunque algunas veces habían nacido en un idioma, por decir el alemán, después habían pasado a otro, por decir el francés, y de allí se habían traducido al español. Tengo entre mis libros un hallazgo muy interesante. Se trata sólo de unos fragmentos que del español, su idioma original, fueron a parar al inglés, de allí al alemán y de allí nuevamente al español. La deformación es tremenda. Pero la verdad es que me encanta tener rarezas en mi biblioteca, y nunca discrimino libros por su apariencia, porque en este caso, lo que importa es lo de adentro.
Mi Quijote es  un solo volumen, viejo, tapa blanda, barato para más señas. Mi Señor de los Anillos  está por allí disperso, porque no compré los tres volúmenes juntos; ¿para qué si no los leería juntos?, pensé a los quince años. La Comunidad del Anillo está justo en medio de una biografía de Napoleón y otra de Carlos V; buen lugar, ¿no?; Las dos torres justo enfrente, creo como vecina de David Copperfield, y  El retorno del Rey junto al hermano pequeño, El hobbit.
Por azares más de fechas que del destino, Cumbres borrascosas, Drácula y Los tres mosqueteros están juntos. Los compré en una librería de viejo el mismo día cuando era apenas bachiller. El que más tiempo me llevó leer de esos tres fue el malvado Conde; no me gustaba en realidad, se me hacía una novela un tanto aburrida. Tengo ganas de leerlo nuevamente, las impresiones cambian con el tiempo. Aunque me han dicho algunos amigos confiables que realmente, a pesar de ser lo que es, sí es una novela mala.
Mis rusos del siglo diecinueve son casi todos hallados en librerías de viejo, un tanto maltrechos, quizás sus anteriores dueños los trataban como a perros callejeros. A veces tengo que tener mucho cuidado al leerlos para no lastimarlos más. Sería una pena. Pero no por ser todos rusos y ser de la época dorada de la literatura en ese enorme país, los tengo a todos juntos. La verdad es que pareciera ser que en mi biblioteca están peleados. 
A pesar del desorden, recuerdo perfectamente dónde tengo cada libro. Me guste mucho o me guste poco. Si alguien me pregunta por un volumen, mi mente tarda cuando más un segundo en llevarme a él. Pero no es que presuma de mi buena memoria, lo que ocurre es que paso mucho tiempo en mi biblioteca. Allí trabajo en las noches y los días libres me los paso también allí. Es un buen lugar para invertir el tiempo, la cosa más valiosa que tenemos en esta vida. 

9 abr 2012

Cuestionario de un librero

Hace unos días platicaba con un amigo librero y me manifestó su preocupación por el futuro que le espera a él y a los de su gremio. Me hizo algunas preguntas y de pronto se me ocurrió una idea. Le dije que mejor me enviara todas las preguntas que quisiera por e-mail, que yo las respondería en mi blog y que así quizás otros blogueros podrían responderlas en los suyos, si se interesaban. Creo que la idea le gustó bastante, porque al siguiente día me envió el cuestionario, sólo que se atravesó Semana Santa y hasta hoy puedo subirlo. Pero más vale tarde que nunca.

Tomando en cuenta la fuerza que está adquiriendo el libro en formato digital ahora que se han hecho, en cierta medida, populares los e-reader, ¿les ves futuro a los libreros?
Evidentemente el libro electrónico supone un duro golpe para ustedes. Los editores los van a vender directamente en su página web dejando a un lado al distribuidor y al librero, tan necesarios con el libro impreso. Cuando mucho van a recurrir a gigantes como Amazon. Si se llega a una coexistencia entre los dos formatos, los libreros más arriesgados y creativos seguirán vendiendo y bien. Pero el futuro, en lo que a los libros se refiere, es un tanto incierto.
Aunque de momento, pese a todo, creo que no hay mucho que temer. Todavía sigue siendo muy necesario poner una montaña formada por ejemplares del mismo libro en las puertas de la librería para que éste se venda.
¿Crees que en cuanto se mueran todas las generaciones que empezaron leyendo libros en papel se acabará el oficio de librero?
Yo veo a niños leyendo libros impresos. Es cierto que cada generación trae sus modas, pero para mí el desplazamiento de un formato a otro va a depender más del ahorro que suponen los libros en formato digital, entre otras cosas como la comodidad que le genera un e-reader a un estudiante y los espacios. Muchos ya tienen una atractiva biblioteca para lucir en casa. ¿Para qué meterle más libros si ya no hay dónde ponerlos?
Yo francamente no lo veo mucho por el lado de la edad. Acostumbrarse a las cosas cómodas y baratas lleva poco tiempo. Ahora los e-reader siguen siendo algo caros, pero deja que bajen más de precio y verás a personas de cincuenta años llevando uno consigo.
¿Crees que la tecnología primero acabará con los libros impresos y después con los lectores? Me refiero a que si el habito de leer, con las comodidades que surgen constantemente, podría terminar siendo un anacronismo en poco tiempo.
En poco tiempo, digamos diez años, creo que no. Pero después… no me atrevo a decir que no. Es obvio que la tecnología cambia nuestros hábitos.
Si te dijeran que podrás leer todos libros que quieras, todos, en un e-reader de forma totalmente gratuita por el resto de tu vida, siempre y cuando renuncies a leer libros en papel, ¿qué responderías?
No me gusta que me regalen las cosas para no sentirme comprometido con nadie. Pero, hipotéticamente, creo que sería un idiota si dijera que no.
¿Actualmente cuál es la forma más común en que obtienes libros: por medio de librerías, de librerías de viejo, de bibliotecas o los compras en formato digital?
En librerías. Quizás en ellas compro el 70% o más de mis libros. No he vuelto a una biblioteca desde la universidad. A las librerías de viejo acudo normalmente porque a veces me encuentro cada joya que no sé por qué está allí. Y libros electrónicos aún leo pocos, porque a la venta están muy pocos de los que quiero leer, pero es una costumbre que crece rápidamente en mí.
Si te interesa una novedad, y está disponible en formato digital y en papel, ¿por cuál vas a inclinarte?
Depende mucho qué tanto me interese. Si llama demasiado mi atención creo que querré tener el libro impreso. Y si me atrae pero no tanto, me inclinaré por el formato digital.
Creo que los editores que no sacan a la venta sus novedades en ambos formatos están cometiendo un error. No sé cuál sea el motivo por el que muchos siguen sin contemplar el formato digital. Probablemente piensan que quien  compre el libro electrónico podrá ponerlo el mismo día gratis en la red. Eso es muy probable, pero con nada le impedirán que lo haga un mes después, si así lo desea.
De cualquier forma, quizás no poner el libro a la venta en formato electrónico puede traer más perdidas que ganancias. Cuando leemos una reseña de un buen libro, es probable que lo compremos al instante si está a la venta a buen precio en formato electrónico, en cambio si esperamos para ir a la librería, tal vez para entonces ya nos habremos olvidado de él.
Y por si eso fuera poco, también es de tomar en cuenta que producir copias de un libro en formato electrónico no cuesta absolutamente nada.
¿Bajo qué criterios compras tus libros?, ¿recurres al método tradicional de anotar todos los títulos que te gustan y los vas comprando en ese orden?
No, hay libros que anoté hace un año y que aún no compro y hay otros que hace una semana supe de su existencia y hace una semana los compré. A veces cuando me entero de la existencia de un libro me digo que algún día tengo que leerlo. Y otras veces me digo que ese mismo día tengo que empezar a leerlo. Las reseñas que leo por allí tienen mucho que ver en ello. Me ayudan, algunas, a ir por el camino correcto.  
¿Cuánto tiempo puede pasar desde que sabes de la existencia de un libro de tu interés hasta que te lo compras?
Creo que eso ya lo respondí en la respuesta anterior, pero vamos a abundar un poco más. Si me interesa demasiado trataré de comprarlo cuanto antes, pero si no me interesa mucho tal vez tarde meses, un año o me olvide de él. A veces busco leer varias reseñas de un libro que medio atrae mi atención para darme una idea lo más amplia posible de lo que voy a encontrarme. Lo que no recomiendo a nadie es leer la sinopsis que viene en la contraportada. Ésas no las escriben con la intención de darte a conocer el libro, sino de hacerte creer que es bueno aunque sea pésimo. Dicen que muchas veces quienes las escriben no se han leído ni las diez primeras páginas.  

27 mar 2012

Hay libros inmortales y libros muertos

Los libros en algo se parecen a nosotros los humanos: nacen y mueren. Pero no todos. Algunos pasan después de nacer a la inmortalidad y otros, aunque mueren, luego resucitan. Lo gracioso, o lo curioso, o quizás lo incompresible del tema, es que no hay un qué que lleve a los libros a morir pronto o a ser inmortales. Hay libros excelentes inmortales y hay libros también excelentes bien muertos.
Probablemente muchos dirán que sí hay un qué, que la promoción que acompaña a cualquier libro en el momento en que es publicado determina su éxito o su pronta muerte. Es cierto que cuando una editorial grande saca un libro a la venta, éste vende porque vende aunque el porqué no quede para muchos muy claro. Pero aunque un libro venda demasiado, cuando es malo o pésimo, con el tiempo se le cae la mascara (para mayor información léase El código Da Vinci). La inmortalidad a un libro no se la dan las grandes ventas, sino la calidad y las grandes ventas (para mayor información léase El Quijote).
Creo que debo de explicar que para mí los libros inmortales no son los que son muy famosos, no, son los que son muy famosos y son muy buenos. Los que desde hace diez años son muy famosos, siendo también muy malos, no llegarán a la inmortalidad, aunque se seguirán editando, pero ya les vendrá su hora de ser lo que son. Sobre El idiota, de Dostoyevsky, un buen crítico que va a nacer de hoy en cien años dirá que es una obra maestra, un libro extraordinario, por más que no le guste. Y de Crepúsculo, aunque entonces seguirá vivo, se va a decir la verdad que se esconde en sus páginas. De eso que no quepa duda.
Pero lo lamentablemente cierto es que no todos los libros que son extraordinarios son inmortales, aunque hay lectores de sobra, éstos no siempre, o casi nunca, se interesan por la mejor literatura; muchos dirán lo que alguna vez me dijo un amigo: “¿Quién te ha dicho que a mí me gustan las obras maestras?”. Y es verdad, hay a quienes no les gusta leer lo que realmente vale la pena. Quizás porque no quieren o no saben distinguir.
Y es que esto último, por triste que sea, es algo muy cierto. Engañar a la gente sobre la calidad literaria de un libro, lo he venido viendo, es bastante sencillo. A quien empieza a leer, o lee bien poco, con decirle con seriedad que una obra infumable es magnifica ya no se atreve siquiera a dudar un poco.
Como muestra podemos usar la literatura fantástica. Hace algo más de una década estaba bastante ausente en lengua española, pero repentinamente se vino una cascada de publicaciones que si bien ganaron espacio al género también confundieron a los lectores más jóvenes, que fueron quienes se inclinaron más por ellas. La propaganda, quiero suponer, ha logrado que buena parte del público juvenil sea incapaz de darse cuenta cuando una obra infumable es precisamente eso. Tan lejos han llegado las cosas que son muy pocas, demasiado pocas, las obras de calidad que aparecen de ese género (a quien quiera leer una le recomiendo El príncipe de la soledad, una novela que leí hace poco y que me sorprendió por lo buena que es).
Pero sea por una o por otra razón, lo cierto es que libros que debieran ser inmortales mueren muy pronto. No pasan de una corta edición. No tuvieron éxito, dicen por allí. Probablemente eso ocurre porque a quienes los leyeron los habían educado para  creer que los libros buenos eran otros.
Quizás no es, a fin de cuentas, del todo malo que sean muy pocos los libros inmortales, los que todo lector apasionado quiere leer, porque la vida, también a fin de cuentas, raras veces dura cien años, y nadie, o casi nadie, quiere dejar muchos pendientes por aquí. 

21 mar 2012

Blogs abandonados

Desde que tengo blog, hace no tanto, he visto que muchos blogueros que en el pasado iniciaron la misma aventura que yo un buen día se cansaron y dejaron su blog solo como si fuera un perro callejero. Por fortuna un blog no come, y eso hace que sobreviva, algo que no deja de ser, en algunos casos, bueno, porque hay cosas interesantes que vale la pena leer y están allí desde hace años y quién sabe cuánto más durarán.
A quien tiene un blog encontrar otros abandonados quizás no le sorprende. Crear un blog es la cosa más sencilla del mundo, pero mantenerlo actualizado ya viene a ser algo que algunas veces resulta complicado. Probablemente muchos crearon su blog en período vacacional o cuando el trabajo aún dejaba algo de tiempo libre y no estresaba tanto. Pero luego les han llegado los períodos en los que conservar el titulo de bloguero no es fácil.
A mí esta aventura me ha gustado mucho. Y mantenerla no me cuesta más que quitarle una hora al sueño de vez en cuando. Me queda claro hasta dónde llega un blog y cuál es, en mi caso, su función, por eso no soy muy asiduo a publicar. Lo hago casi siempre una vez por semana, y no niego que eso significa pagar un precio. Porque si a un lector le gusta la entrada de hoy quizás vuelva mañana, o pasado, pero si no encuentra nada nuevo no volverá.
Creo que el hecho de que millones tengamos un blog radica en la libertad que tenemos para manejarlo cómo queramos. Publicar no es obligatorio y no hacerlo no es delito. Si el trabajo aprieta o el estrés se amontona, bien puede uno ausentarse varias semanas pagando, eso sí, un alto costo: la perdida de lectores, lo que a un bloguero más importa.
No deja de sorprenderme que muchos blogueros han mostrado una disciplina y un amor a su blog sorprendentes. Llevan años en el oficio y publican con una continuidad que sorprende: una entrada al día. Su premio, sin duda, son los lectores, más fieles que una esposa medieval. Yo no pretendo competir con ellos. Una entrada por semana, quizás a veces dos, es lo más que prometo. Me gusta mi blog, pero tengo más cosas que reclaman mi tiempo, así es la vida.
Y creo que ésa es, en mi caso, la única opción de que el blog perdure. Si me dedicara demasiado a esto, quitándole al sueño más horas de las que puede ceder, terminaría aburriéndome u odiando mi blog. Y ésa no es la intención. No quiero mi blog en la lista de abandonados y para eso es necesario que no me exija tanto. Si puedo conservarlo durante dos años, quizás entonces pueda comprarme una cascota, a la que sí tendría que atender diario.

13 mar 2012

Donde el corazón te lleve

En tertulias con amigos, compañeros, alumnos y demás, a veces surge la pregunta “¿cuál es tu libro favorito?”. Creo que es una de las preguntas más frecuentes con alguien a quien se está conociendo. Pues bien, en infinidad de ocasiones he escuchado la misma respuesta: “Donde el corazón te lleve”, obra, muy famosa ya, de la italiana Susanna Tamaro. Esa respuesta no me haría fruncir en absoluto el ceño si se tratara de una buena novela, pero no es el caso, ni de lejos.
La protagonista de esta historia es una anciana de nombre Olga que ve ya bastante cerca su final. Vive sola, en Italia, y su única pariente es su nieta que está bastante lejos, en los Estados Unidos. Se separaron más por fuerza que por gusto, después de llevar una tormentosa relación, la anciana, muy a su pesar, aceptó que su nieta se fuera lejos.
Creyendo que ya no la volverá a ver, Olga decide abrir su vida, su pasado, a su nieta, sin dejar ningún secreto en el baúl de los recuerdos, cosa que no es sencilla, y más cuando se trata de confesar una lejana infidelidad. ¿Cómo ser, confesando tal cosa, un referente moral para una joven rebelde que busca cualquier pretexto para romper las reglas? Pero todo lo hace por una poderosa razón: que su nieta sea feliz, que vaya, pues, a donde su corazón le indique. 
Estamos ante una novela que brilla por la ausencia en sus páginas de calidad literaria. Es, en cambio, una historia de tristezas, de confesiones y de dolor, y también, cómo no, de amor, excelentes sustitutos éstos, hoy en día, de la calidad que necesita una obra para ser considerada buena.

2 mar 2012

Los tres impostores

El galés Arthur Machen (1863-1947) es un referente en cuanto a la literatura de terror se refiere. Su grandeza no radicó sólo en saber crear buenas historias de terror sino en que logró -y todavía- meterles dentro ese terror a sus lectores.
En 1895 publicó Los tres impostores, una extraordinaria y muy extraña novela, compuesta por relatos, que hacen parecer un infierno al Londres victoriano.
El rompecabezas que el lector va armando conforme transcurre cada relato,  nos revela a un joven ingenuo –conocido como el joven de anteojos- que ha caído en las redes de una peligrosa banda de delincuentes capaces de las más terroríficas atrocidades. Con el miedo típico de un novato, el joven de anteojos deserta al ver la primera de las atrocidades que son capaces de cometer sus cómplices, llevándose consigo un objeto que para éstos es muy valioso.
Como era de esperarse, el jefe de la banda envía a sus secuaces a buscar al desertor. Se trata de tres despiadados y expertos mentirosos -dos hombres y una mujer- que contarán historias aterradoras a quien quiera escucharlos con el objeto de encontrar pistas sobre el paradero del joven de anteojos. Mienten tan extraordinariamente bien que logran atemorizar a su interlocutor que sospecha que lo hacen y al lector que está seguro de ello.
Me extraña que una novela tan buena de un autor de tanto renombre no goce de su merecida fama. Los tres impostores es una novela casi desconocida y difícil de encontrar en las librerías. Hace poco leí que Borges opinó de ella que es una obra maestra y no pretendo discrepar con él. A quien le agraden las novelas de terror, aquí tiene una para disfrutar al límite, y a quien no, de cualquier forma encontrará una obra de sobrada calidad.
Ya he mencionado en otras ocasiones que, por varias razones, no me gusta poner aquí las portadas de los libros que reseño, pero encontré una portada de una edición de esta novela en ingles que sería un crimen no añadir a la entrada.
¿Qué les parece? La portada, como puede verse, ya avisa que el libro causa miedo.