LOS MÁS LEÍDOS

11 dic 2012

Booktrailer de una obra maestra de la literatura


El príncipe de la soledad es una de esas novelas que reúnen lo que hace falta para ser una obra maestra: una historia bien contada, frases que no se olvidan nunca, personajes que se ganan el respeto del lector y mucha originalidad. La reseña que le dediqué hace tiempo es la segunda entrada más leída de este blog. Si miras un poco para arriba, allí está.
Dejo el booktrailer de la novela, que resume en unas cuantas frases la columna vertebral de ésta, y también pongo un enlace al blog de su autor, Adam J. Oderoll, donde se puede bajar gratis. 

                 

9 dic 2012

Antes de Internet


A mí el Internet me sorprendió en mis años de estudiante. Sí que recuerdo cómo era una investigación antes. Lenta y poco productiva a veces. De una biblioteca a otra. De una librería a otra. Casi siempre un largo peregrinar para llegar a escribir dos páginas de información sólida.
Mis conocidos que ahora pasan el medio siglo de vida tienen más experiencia que yo en ese mundo que dejamos atrás. Y charlas con ellos me hacen pensar en la enorme diferencia (y ventaja) que se vive en nuestros días. Si hoy sabemos de un libro que despierta nuestro interés, en la red hallaremos algo o mucho sobre él. No importa que sea un libro viejo que no se ha editado en años, casi con seguridad encontraremos reseñas, breves y malas, quizás, pero reseñas que nos ayudarán a conocerlo más. Y también probablemente descubramos qué librería aún lo vende, o sepamos de alguien que quiera vender un ejemplar de segunda mano.
Pero no sólo con libros tenemos esa gran ventaja. Sucesos y personajes también están a nuestro alcance de manera sorprendente. Y no hablo de personajes como el mariscal Rommel y sucesos como el hundimiento del Titanic, pueden ser a escala mucho más pequeña. Local. De nuestra ciudad o del barrio en que vivimos. Sucesos y personajes pueden estar allí, ocultos pero expuestos para quien quiera conocerlos.
No puedo imaginar siquiera, con el hambre de información que me consume día con día, lo que haría yo sin la red. Es maravilloso que la información esté en la comodidad del hogar. Tan cerca que podemos llegar a ella en un minuto. Y es sorpréndete el cambio que hemos experimentado en tan sólo unos años. 

21 nov 2012

Libros prohibidos


Siempre me ha despertado mucho el interés el tema de los libros prohibidos. Para empezar, caben dos preguntas cuyas respuestas son fáciles de imaginar: ¿quién prohíbe libros? y ¿con qué objeto?
Hace siglos los libros eran comúnmente prohibidos por la Iglesia y por el Estado. La Iglesia Católica incluso tenía su lista no sé si por orden alfabético o de aparición. No aceptaban críticas -postura que algunas corporaciones religiosas y gobiernos conservan- y quien se atrevía a cuestionar sus acciones y sus principios abierta o sugeridamente en un libro podía ir a pasar toda su vida en una prisión o perecer en la hoguera. Las penas, como puede verse, no eran nada blandengues y tampoco se podían negociar.
Con el paso de los siglos, y con la llegada de la civilización, tanto el Estado como cualquier corporación religiosa han tenido que aceptar la libertad de expresión, por lo menos en los países donde impera la libertad, la democracia y hay instituciones sólidas. Vaya alguien a publicar un libro en Cuba criticando al presidente o en Afganistán cuestionando al Islam y verá cómo toleran su libre albedrío.
Pero sin viajar a ningún submundo, quedándonos en las democracias, legalmente no está prohibido escribir sobre el tema que uno quiera y criticar lo que quiera siempre y cuando pueda probarlo. Sin embargo, sigue habiendo libros prohibidos, sin necesidad de que tal prohibición sea por ley.
Y es que no es necesario, no siempre, recurrir a la ley para prohibirle a alguien que escriba sobre algo. Cuando un libro molesta ligeramente a un personaje poderoso o a un grupo de poderosos literalmente puede quedar prohibido de facto. Así sin más. Se supone que la ley debe garantizar la libertad de expresión, sí, pero la ley no sirve de absolutamente nada si no se aplica, y aun cuando se aplica, no garantiza la seguridad de nadie, simplemente la procura, que viene a ser muy poco si a alguien le buscan con malísimas intenciones.
En siglos pasados el tema de los libros prohibidos no escondía trucos. Si alguien escribía uno sabía que irían por él. Hoy, en apariencia, se pueden escribir, porque la ley no lo prohíbe, y por eso muchos valientes lo hacen, avalados por su derecho a la libertad de expresión, pero ese aval no es un seguro de vida.
La prohibición de libros seguirá existiendo. No en los códigos, claro, pero cualquier persona sensata sabe qué tipo de temas y en qué lugares son delicados. Porque la distancia y la civilización cambian las circunstancias. Quizás un periodista alemán puede escribir un libro muy crítico sobre la guerrilla en Colombia sin que nada malo le pase, pero quizás si ese mismo libro lo escribe un periodista colombiano…
Y también eso de libro prohibido es un titulo. Una persona, organización o corporación, si un libro exhibe sus secretos más turbios, no querrá que adquiera ese titulo. Porque cuando un libro es catalogado como prohibido, seguro es que todo el mundo tendrá intenciones de leerlo.

17 nov 2012

Literatura comercial


Muchas veces he coincidido en algunas charlas con amigos respecto a que las obras maestras no se venden. No le sirve, económicamente hablando, a un escritor tener una prosa fluida, divertida y elegante, con un apropiado uso de analogías y atrevimientos que rozan los límites de lo pésimo pasando primero por lo brillante.
Una historia bien contada, por sencilla que sea, puede ser una obra maestra, mas eso no garantiza que guste, ni siquiera que un editor le preste atención. Hay un sin fin de obras que gozan de una maestría sorprendente que pasan por las librerías sin pena ni gloria. Ni siquiera los críticos “serios” y “profesionales” les conceden mucho mérito.
La literatura comercial, para ser tal, no exige como requisito que las obras sean extremadamente buenas, ni buenas ni más o menos buenas. La razón es muy sencilla, los lectores no exigen calidad literaria. Un profesor amigo mío me dijo hace tiempo que eso se debe a que los gustos literarios de los consumidores de libros de hoy son dictados por las series de televisión y el cine. “El lector busca en un libro cosas similares a las que acaba de ver en una película” me dijo “y la belleza del cine y la belleza de la literatura no tienen absolutamente nada en común”.
Algunas veces al leer una novela me he preguntado por qué es tan aterradoramente mala, cómo una editorial quiso hacer pasar eso por un libro, cómo otra optó por traducirlo y, sobre todo, cómo hay personas capaces de perder horas valiosas leyendo semejante cosa. Sé que habrá quien diga que para todo hay gustos. Sí, lo acepto, pero también hay límites. A ver que surja un o una valiente capaz de ponerse pantalón amarillo, zapatos anaranjados, camisa morada, lentes como los que usaba Michael Jackson y rematar la obra con un sombrero mexicano. Y es que así, con esa arbitrariedad contra cualquier estética, hay quien escribe novelas que… se venden y mucho.
Ésa es la literatura comercial, novelas con una total simpleza en todo, mal escritas y por supuesto mal estructuradas, rellenadas con personajes mal dibujados robados previamente del cine. Eso es lo que se vende hoy, después de que hemos pasado por un largo proceso en el que casi todo el buen gusto literario se ha extinguido de las mentes humanas. Borges nació en 1899 y alcanzó gran fama, aunque le negaron el Nobel de Literatura. Si hubiera nacido hace treinta años y optado por el mismo oficio, actualmente se estaría muriendo de hambre.

1 nov 2012

El libro electrónico, aún un proceso


Lo del libro electrónico no es sólo un modismo, es una revolución con nombre y apellido, significa una transformación no simplemente del modo de leer sino del qué leer, y significa también que la cultura ya no estará del todo pegada a las editoriales, ya no nos harán leer lo que quieren, habrá -y ya  hay- opciones antes inpublicables por buenas, por malas o por indecorosas. La dictadura de las grandes editoriales tiene sino los días sí los años contados, quizás como castigo divino por la basura que comúnmente sacan a la venta.
Pero ese proceso, aunque se ve venir de manera inmutable, aún está en pañales. El libro electrónico existe, se promociona, se lee, se vende, pero aún a niveles despreciables. Hay editoriales que tienen sus libros a la venta en formato digital a un tentador precio de 1.5 euros y se ven en la necesidad de cerrar sus puertas. Son pocos, en realidad, los que pagan por los libros electrónicos que leen. La mayoría los consiguen gratis, proporcionados por editores, autores o bajados de manera ilegal de la red.
En realidad al libro electrónico muchos todavía no se lo toman en serio -aunque es muy autentico y su impacto será enorme-. Otros tantos lo ven casi como a los hippies en su tiempo, como una amenaza para el modo de vida que han llevado y en el que quieren que vivan sus hijos. Y no faltan desde luego quienes lo ven como una amenaza a su patrimonio. Pero unos y otros tienen que aceptar que ahí está ya, que no va a marcharse y que tienen que acostumbrarse a él. El mundo, sobre todo el mundo joven, corre hacia lo nuevo, hacia la tecnología, y el libro electrónico es parte de ello.
Lo que no se puede decir con mucha certeza es cuándo se dará el gran cambio, cuándo veremos por las calles a grandes cantidades de lectores con un kindle o similar en la mano. Porque los lectores electrónicos también están ayudando mucho. Hace poco leí que en Alemania ya sacaron a la venta uno de plástico que funciona con pilas y que no supera los 10 euros en costo. Ya no hay para dónde hacerse, al libro electrónico lo aceptamos o nos convertimos en objetos sin presencia, en parte del pasado, como las estatuas.
Quizás en un año las cosas hayan cambiado de manera drástica en ese aspecto. Estamos en una época en que todo ocurre muy rápido. A ver cómo está el mundo editorial cuando entremos a la recta final del 2013, dentro de un breve año.

20 oct 2012

Libros que recomiendan libros


Recapacitando hace unos días sobre cuáles son mis fuentes de apetito cultural -no siempre satisfechas por falta de tiempo-, me vinieron a la mente todas las cosas y sucesos que me ponen enfrente libros…, libros que me despiertan el interés, libros que anoto, que me hacen meterme a la página de mis librerías habituales para ver si los venden allí.
En esta vida, para los que nos hemos hecho adictos a la lectura de manera incurable, la lista de libros pendientes crece y crece y si algo sabemos con exactitud es que nunca podremos cubrirla. Jamás. Vivir 157 años como el turco Zaro Aga no remediaría las cosas, por el contrario, la lista sería mucho más extensa.
Creo que la actual etapa filosófica en que nos hallamos -no la de la postmodernidad sino la del Internet- hace que la lista de libros pendientes de un lector sea más grande. Se nos bombardea con propaganda de todo tipo de productos, y los libros, para el editor y el librero, son un producto como cualquier otro y tienen que promocionarlo como tal. Así las cosas, diario sabemos de la existencia, en promedio, quizás de diez libros. Uno de ellos por lo menos nos parecerá interesante, o bueno, o excelente, y lo añadiremos a nuestra lista, sin la promesa de una pronta lectura.
Pero no sólo la tele, la radio y el Internet nos recomiendan libros. Acabo de percatarme de que muchas veces mis mejores consejeros son otros libros. Quizás alguien ya pensó que los ensayos escritos en lengua española comúnmente traen al final una larga o modesta lista de fuentes bibliográficas. Es cierto que ésa es una de las formas en que hay libros que recomiendan a otros libros, pero no es a la que quería referirme, porque en esos casos la recomendación es muy fría y no despierta tanto el interés.
Hace unas semanas leía una novela muy agradable, y el protagonista de ésta tenía por libro favorito otra novela policíaca de los 50s que más de una vez recuerdo haber despreciado en las librerías. En cuanto terminé una novela ya tenía la otra lista para iniciar la lectura. No me gustó tanto como al mencionado protagonista, pero la disfruté. Y lo importante aquí es que haciendo memoria, muchas veces algunos libros me han recomendado otros libros. Y ése quizás sea el método más honesto del marketing que rodea al mundo literario.

13 oct 2012

¿Y quién conocía a Mo Yan?


Yo no. Mario Vargas Llosa tampoco lo ha leído, según acabo de enterarme. Apenas hace una hora tomaba un café con unos amigos, adictos lectores, y me dijeron que también ignoraban que el chino existe. Veo en la red que esta vez la crítica y en general todo el mundo que se mueve alrededor de la literatura tenía la guardia baja. Esperaban que el Nobel de Literatura se lo llevara Paul Auster, su paisano Philip Roth o el japonés Haruki Murakami, ¿por qué? Porque son los más vendidos.
Que el Nobel de la Paz de unos años para acá sea entregado sólo a quienes tienen las cámaras de televisión encima -dejando a un lado a valientes que tuvieron el valor de enseñarles los dientes a los nazis-, no quiere decir que tenga que ser lo mismo con el de Literatura.
Los candidatos al Nobel no tienen que ser los que aparecen en las listas de los más vendidos. Si eso fuera Dan Brown ya habría ganado cuando menos dos. Pero lo cierto es que muchos así lo estaban empezando a creer. Y con la sorpresa llamada Mo Yan los de la Academia Sueca han querido recordarnos que las ventas y la fama no son un camino recto al Nobel de Literatura.
Ahora lo que falta es leer a ese Mo Yan. Sin duda debe de tener mucho talento para que se fijaran en él siendo fuera de su China casi un desconocido. Me supongo que sus libros, que circulan en español de manera modesta, pronto recibirán más atención. No iré corriendo a las librerías a buscar uno, pero pienso leerlo pronto. Veremos. Veremos si el candidato que eligieron los de la Academia Sueca para revestir de prestigio a su galardón fue el ideal.

1 oct 2012

La difícil tarea de promocionar un libro


Cuando un libro sale a la venta amparado por una editorial grande lo vemos hasta en la sopa. Se ponen grandes carteles en las entradas de las librerías, con varios volúmenes forman pirámides en los pasillos, lo encontramos en los escaparates, detrás del cajero que nos cobra, cuando entramos y cuando salimos del establecimiento. Al autor lo entrevistan los líderes de opinión, en la tele y en la radio, que tienen una audiencia que puede ser de varios millones de seguidores.
También hablan del libro los más prestigiados críticos, quienes escriben estupideces como “Una historia trepidante que enganchará al lector desde la primera página”, o “Si Cervantes viviera sin duda querría leer esta novela”, “Una obra deliciosa que mezcla muy bien la intriga y el romance” y otras tantas idioteces que quizás los críticos ya tienen escritas en un archivo y sólo se las pegan a las novelas que reseñan en una especie de sorteo, porque siempre son las mismas.
Pero cuando el libro es editado por una pequeña editorial de limitados recursos, ninguno de esos críticos que gustan de las historias trepidantes que seducen desde la primera página se ocupa de él. Quizás muchos no lo sepan, pero hay editoriales donde el editor es el que diseña la portada, maquetea el libro, elabora los contratos, se encarga de la distribución y sirve de secretaria en la oficina. Una editorial así, sencillamente no tiene recursos para hacer que muchos lectores sepan de sus libros.
Estos editores probablemente se la pasan preguntándose cómo promocionar adecuadamente un libro sin gastar tanto. Pero tal cosa es prácticamente imposible. Una pequeña editorial quizás consigue la reseña de diez o quince blogueros, que tendrán en promedio cien lectores por día. Los críticos que trabajan  en los grandes diarios quizás tengan en promedio cien mil lectores por día. La diferencia es abrumadora.
En las librerías el trato que se les da a estos libros tampoco los beneficia mucho. Los ponen allá en el rincón más apartado, donde para verlos hay que hacer una revisión similar a la que hace un arqueólogo en la tumba de un faraón.
Hace falta en estos casos mucha audacia de parte del editor y del propio autor para lograr que se sepa que un libro existe. No se puede competir con una campaña promocional de doscientos mil euros, eso está bien claro, pero hay una gran ventaja en estos tiempos: la gran abundancia de medios de comunicación que la mayoría de las veces no tienen costo alguno. Es cierto que un solo bloguero con cien lectores al día poco puede hacer, pero quizás mil blogueros hagan las cosas de mejor de manera. Lo difícil es hacer que el libro llame la atención de tantos como para que decidan comprarlo, leerlo y reseñarlo. Allí es donde la creatividad se vuelve indispensable. Un editor con pocos recursos aun así puede dotar a un libro de tres grandes armas que le ayudarán a llamar la atención de posibles lectores: el titulo, la portada y la sinopsis.

21 sept 2012

La caducidad de algunos libros


Hoy en día es de mal gusto construirse una casa estilo griego, es de mal gusto poner en el jardín una copia de El David, es también de mal gusto colgar en la sala, junto a la abuela, una copia de La Mona Lisa, pero es de muy buen gusto leer El asno de oro, novela escrita en el siglo II d. C. por Lucio Apuleyo.
Una de las cosas maravillosas de los libros es que cuando ya han entrado en el gusto del público no caducan nunca, se editan constantemente en formato de bolsillo y tapa dura, con ilustraciones y prólogos tan grandes como la obra misma.  Cuando ya han expirado los derechos de autor las edita quien quiere, cuándo y cómo quiere. Nadie nos va decir en la cafetería si nos ve con un volumen de Robinson Crusoe entre las manos que eso está pasado de moda.  
Lo cierto es que no son muchos los libros que alcanzan la categoría de incaducables. De la gran mayoría que salen a la venta se hace sólo una modesta edición y después pasan al olvido. Otros tantos alcanzan la segunda sin ir más lejos. De otros más se ven ediciones con otra editorial muchos años después de su aparición, sin que logren hacer demasiado ruido. Pero una vez que un libro alcanzó la cifra de varios millones vendidos en varios idiomas, no se dejará de vender mientras la humanidad tenga el hábito de la lectura.
Una de las cosas que a veces no se dicen es que los libros se siguen vendiendo mucho si ya tuvieron un gran éxito, aunque de momento sean otros los que vuelven locos a los medios de comunicación. Por ejemplo, de Harry Potter es de suponer que en el año que corre ya se han vendido muchos millones de ejemplares. Lo mismo ocurrirá el año que viene y el otro y el otro.
Los Beatles, aunque aún suenan bastante, para las nuevas generaciones son parte del pasado, las películas de Marlon Brando no vuelven locas a las juventudes, y así hay muchas cosas a las que quienes viven hoy no quieren volver y tampoco querrán volver los que vivirán mañana, pero El Conde de Montecristo y El Quijote siguen y seguirán en el gusto del público sin importar los cambios en las identidades de los seres humanos.
Qué maravillosos son algunos libros, que no caducan, que se venden, se leen y se disfrutan hoy como hace doscientos o trescientos años, cuando salieron a la venta por primera vez.

3 sept 2012

El negocio de escribir


Hay oficios que llevan a sufrir mucho, ya sea por el enorme esfuerzo físico, mental o… por la mala paga. Ser escritor, exceptuando a titanes bien promocionados, es un oficio que da para pasar hambres, para sufrir decepciones y hay algunas a los que les alcanza para contemplar el suicidio. Es un oficio bello, y quizás por eso con él se sufre, porque el que tiene la esposa más guapa es a veces al que peor le va, ya sea por simples celos injustificados o por prominentes cuernos.
Cierto que hay escritores a los que les alcanza para vivir en Beverly Hills o en su isla particular. Pero son aproximadamente el .00009% -ceros más quizás aunque poco importa- de los que escriben. La gran mayoría batalla para… publicar su primer libro con una editorial por pequeña y anónima que sea. Hay otros que ya se pueden llamar escritores profesionales, lo cual no indica que puedan pagar con facilidad todas las facturas del mes.
No se dude que existen escritores con muchas canas y buena prosa, más una treintena de libros en su haber, que malviven, que completan el gasto dando clases en alguna universidad soportando a irreverentes jóvenes que quieren todo menos aprender.
De escribir, el gruesísimo del gremio, no vive. Y veamos por qué. Nada nos cuesta fijarnos en alguno de nuestros libros, incluso de algún autor que ya se ha hecho un poco de renombre, la cantidad de ejemplares de los que constó la edición. Algunas veces dice 1,000, otras 2,000 y casi siempre 3,000. De 10,000 ejemplares en adelante ya es cuando el autor es muy famoso y el libro muy breve.
Puede decirse que el tiraje medio para autores de más o menos renombre es de 3,000 ejemplares. Ahora viene el otro dato. Podemos tomar uno de nuestros libros cuya edición haya sido en el… 2008, por venirnos lo más cercas, y el tiraje de 2,000 ejemplares, llamamos a nuestra librería de confianza y preguntamos si lo tienen en existencia. Por pura curiosidad también preguntamos el año de edición… Muy probablemente nos van a decir que sí lo tienen y que la única edición fue en el… 2008.
Más datos. Por irnos lejos, digamos que a un autor, cuyo libro se vende en 20 euros, le toca de a 2 por ejemplar. Aunque en estos tiempos un libro de 20 euros ya es casi un lujo…, pero bueno. Si de 2,000 libros nuestro autor apenas ha vendido dos terceras partes en cuatro años, tenemos que sus ingresos por esa obra que tanto sudor y lágrimas le ha costado no llegan mensualmente ni a los 60 euros.
Ahora pensemos en que no es su único libro, pensemos en que ha publicado diez y de ésos aún cuatro se encuentran vigentes en las librerías. Nuestro escritor de cierta trayectoria, con doctorado en literatura, gana, cuando mucho, 240 euros al mes. Menos impuestos, claro está.
Vuelvo a repetirlo, el de escritor es un hermoso oficio, para el que tiene la vocación, pero también es una fuente de hambre inagotable.

27 ago 2012

El precio de los libros electrónicos


Existen muchos problemas asociados a los libros electrónicos. El que más preocupa es el de la piratería que se puede suscitar una vez que existe una copia digital de un libro en manos desconocidas. Tema que ya traté aquí. Pero ése es el problema para los editores. Hoy quiero tratar el de nosotros los lectores.
Que el libro electrónico supone una gran ventaja en muchos aspectos es ya algo innegable por más que muchos no lo quieran aceptar. Y en los actuales tiempos de crisis supone la posibilidad de que muchas personas puedan seguir leyendo el mismo porcentaje de libros que acostumbran  leer cada año. Ya casi cada adicto o cuando menos vicioso lector se hizo o está pensando en hacerse con un e-reader, maquinita ésa que garantiza un considerable ahorro en la adquisición de libros…, siempre y cuando los precios sean razonables.
Vamos por partes. Un libro electrónico no conlleva gastos de impresión, almacenaje y distribución. Y siendo así las cosas, no se ve la necesidad de ponerlo a la venta a un precio excesivamente caro. Algunos editores quizás piensan que lo que venden es el talento del escritor y el esfuerzo en pulirlo que ha hecho su editorial. Pero esos argumentos no pueden ser un pretexto para vender caro, debieran, para alguien inteligente, ser una posibilidad de vender mucho. Y para vender mucho  no hay que dar muchas explicaciones, sólo poner las cosas tan baratas como sea posible, de manera que el vendedor no pierda.
Fijar el precio de un libro electrónico por encima de los 10 euros es casi como firmar una garantía de que nadie lo comprará. Ni aunque se trate de una novela inédita de Borges. El formato electrónico exige renunciar a tradiciones muy arraigadas, y para convencer al lector de que se embarque en la empresa hay que darle algunas facilidades, precios que lo seduzcan, que lo convenzan de que vale la pena el cambio. Dejar de comprar un libro impreso en 15 euros para comprarlo digital en 10.95 no es una practica tentadora.
Para que un libro electrónico compita o supere en ventas a su igual de papel habrá de costar… de 1 a 3 euros. Ése es el verdadero precio competitivo. Al lector no le quedarán muchas dudas al momento de comparar. De 15 a 3 euros la diferencia es bastante tentadora como para resistirse. Todavía es probable que un precio de 5 euros no sea a los ojos del lector muy excesivo, pero tomando en cuenta que estamos en tiempos de crisis y que mucha gente piensa quitarse el caro placer de la lectura como una de sus actividades, lo mejor es que los libros no superen los 3 euros, salvo raras excepciones, por ejemplo, los ilustrados y que además son muy extensos quizás merezcan excederse en el precio.  Pero vuelvo a repetir: un libro electrónico de 10 euros, nadie o casi nadie va a querer comprarlo. 

22 ago 2012

El fenómeno de las óperas primas


Creo que para nadie es un secreto que no sólo estamos en la era de los escritores jóvenes, también en estos tiempos se da el fenómeno de que la primera obra de un escritor, aunque sea pésima, puede ser un súper-ventas.
No digo que por fuerza un escritor joven tenga que hacer de su primera obra un fiasco. Se dan casos en que los debutantes sorprenden. Algunos tienen un gran talento y logran pulirse en muy pocos años, de tal manera que a los veintitantos ya pueden escribir obras de sorprendente calidad. Por otro lado, no podemos olvidar que la literatura es una forma de expresión y que como tal se perfecciona con el tiempo. Quien a los treinta escribe muy bien, casi con toda seguridad a los setenta, si llega, lo hará sorprendentemente bien.
Pero eso de escribir bien siendo joven en el pasado no acarreaba muchas ventajas. La crítica siempre fue renuente a alabar a los escritores jóvenes.  Aunque las cosas tarde o temprano tenían que cambiar. De un tiempo para acá, o de Harry Potter para acá -aunque muchos se regresan hasta El perfume-, una primera obra puede ser un verdadero fenómeno en ventas.
Me atrevería a decir que para muchos escritores su gran problema radica en que ya han publicado varias obras y en que no son jóvenes. Viven encasillados en tirajes de 2.000 a 5.000 ejemplares, que se venden en varios años. Y de allí no pasan.
Por el contrario, hay jóvenes de veintipico, o más jóvenes como es el caso de Christopher Paolini, que arrancan vendiendo más que el mismísimo Cervantes, dejando a viejos académicos y escritores con larga trayectoria con el ojo cuadrado y la bilis al límite.
¿A qué se debe este fenómeno que ha replanteado, en la última década, al mundo editorial? Las razones son varias. Pero creo que todas se desprenden del patrón que indica que el libro del que se habla mucho es el que vende mucho y viceversa. El grueso de los lectores en el mundo hoy en día son jóvenes, siendo los intelectuales una minoría. Los jóvenes tienden a seleccionar sus lecturas guiados por sencillas reglas: que al libro lo envuelva algo raro, que se hable mucho de él y que tenga elementos que lo hagan distraerse de la difícil etapa de la vida en que se encuentran.
Conseguir eso no es muy difícil, y quien lo dude que analice el gran esfuerzo intelectual que hizo Stephenie Meyer para crear su ópera prima. Desde ahí, y desde poco antes, los editores comprendieron que sólo tenían que buscar un libro nuevo, con algo de misterio -y un autor desconocido brinda eso en gran medida-, e invertirle cuanto dinero pudiera la editorial en su promoción. El resultado, aunque el libro sea pésimo, que los hay, es un éxito en ventas casi seguro.
Así que si en estos tiempos alguien quiere hacerse rico vendiendo libros, lo mejor no es que sea un escritor de trayectoria y doctor en literatura, lo mejor es que sea joven, guapo o guapa, según el caso, tenga un nombre raro y escriba una obra también algo rara, con un poquito de originalidad. Si logra hacerla un poco famosa, lo demás caerá como cascada y tendrá el porvenir asegurado.

19 ago 2012

Bubok


En los últimos cuatro años, meses más, meses menos, ha venido cobrando cierta notoriedad Bubok, una especie  de editorial que a nadie le cierra las puertas. La originalidad de la iniciativa radica precisamente en eso, porque las editoriales convencionales le cierran las puertas a casi todo el mundo. Bubok no lo hace porque no es precisamente una editorial que se dedique a invertir en la impresión de libros, sus clientes pagan el libro antes de que éste exista físicamente.
Para ser más precisos, Bubok, a grandes rasgos, funciona de la siguiente manera: el autor, sea quien sea y de donde sea y haya escrito sobre el tema que sea, sube a la pagina de Bubok su obra, le pone al archivo en digital el precio que guste, o lo deja de a gratis, mientras que al libro en papel lo puede vender tan barato que apenas cubra los gastos de impresión, y eso viene a ser todo. Aquél que quiera el libro, ya sea digital o impreso, lo compra en la misma página de Bubok.
Bubok no hace lo que las editoriales comunes que imprimen miles de volúmenes de un libro y éstos van a parar a las bodegas de las librerías esperando a que los lectores los compren en el correr de los años. Bubok sólo imprime un volumen cuando el lector ya decidió que lo quiere y pagó por él.
Otra de las cualidades de Bubok es que cualquier autor que lo desee puede trabajar con ellos. Bubok no le dirá jamás que el libro es malo; es más, Bubok no analizará su libro si no paga por ello. Y eso es una especie de bendición para los autores que se han pasado media vida esperando a que una editorial les haga caso.
Pero tanta cosa buena no podría existir sin un enorme, o descomunal, inconveniente. El hecho de que Bubok acepte a todos sin discriminar hasta a los autores más malos y los que suben sus libros sin siquiera corregir las faltas de ortografía, es la razón por la que la editorial-librería, según sus propios números, no vende casi nada.
Siendo realistas, no podía ser de otra forma. Para que una persona invierta su dinero en un libro, es necesario tener unas cuantas garantías de que éste vale la pena.
Cuando alguien entra a una librería, se supone que todos -o casi todos- los libros que ve se han ganado la confianza de una editorial que ha invertido en ellos, y eso le da a entender a este posible lector que personas capacitadas ya han revisado el libro y les consta que es bueno.
Bubok lamentablemente no puede imprimirles esa confianza a sus posibles clientes. Éstos antes de comprarle uno de sus libros se preguntaran ¿quién es ese autor absolutamente desconocido?, ¿tendrá aunque sea un poco de talento?, ¿el libro estará bien escrito?, ¿habrá recibido una adecuada corrección?, ¿enviará Bubok un libro impreso con la necesaria calidad? Y desgraciadamente nadie puede despejarle esas dudas al lector, y quien duda, simplemente, no compra.
Esto viene a ser la razón de que Bubok, aunque tiene mucho que vender, vende bien poco. Pudiera decirse que demasiado poco. Y eso es una verdadera lastima, porque entre los miles de libros que ya tiene Bubok a la venta, bien pueden estar algunas obras maestras que desgraciadamente no tienen las herramientas para transmitir confianza. Y siendo así, allí se quedaran sin hacer mucho o nada de ruido.
Lo único que Bubok insta a hacer, es bajar los libros que son gratis que tienen una buena portada, un buen titulo y una buena sinopsis, y quizás entre ellos uno se encuentre a una maravilla que lo hará pasar muy buenos momentos. Nunca se sabe. 

6 ago 2012

Edad para leer los clásicos


Hace unos días fui a tomar un café con un antiguo profesor. En un rincón de la cafetería donde estábamos había un adolescente con un libro en las manos. Era nada menos que El Quijote. Que un joven de aparentemente 15 años lea ese libro ya da gusto. Actualmente a los jóvenes los atraen ciertas bazofias innombrables que uno a veces quisiera verlos haciendo otras cosas y no leyendo. Pero en fin, dejemos a Crepúsculo y otras tantas novelas por el estilo en paz.
Le dije al profesor que me alegraba el hecho de que los jóvenes leyeran El Quijote, y él, para mi asombro, me respondió que a él no. “No lo va a entender”, dijo, “y lo dará por leído. Cuando tenga la edad en que se pueden disfrutar los clásicos, ya no lo leerá”.
Me quedé asombrado, pero no pude menos que echarme sus palabras a la bolsa para reflexionarlas más adelante. De momento sólo me dediqué a hacer que abundara en su opinión. Me dijo que él cree que lo mejor para los jóvenes es leer esas cosas que algunos confunden por libros y que son de inicio a fin todo lo contrario a una buena novela. “Los jóvenes, prosiguió, aunque algunos son muy inteligentes, no entienden nada de calidad literaria, pero después de los treinta tendrán un mejor criterio y podrán disfrutar de las obras maestras en su justa medida. Entonces ya podrán leer a los clásicos, y los verán cómo son. Ahora no pueden distinguirlos de entre de esas novelas que abundan llenas, en el mejor de los casos, de errores arguméntales y de erratas”.
No puedo menos que reconocer que algo de razón tenía este hombre educado a mediados del pasado siglo. No digo que sea necesario estudiar un doctorado en literatura para entender a los clásicos, pero quizás los que leímos El Quijote siendo muy jóvenes debamos pensar muy seriamente en releerlo y no sólo limitarlos a recordarlo. Sin duda lo veremos con otros ojos.