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11 ene. 2012

El manantial

Ayn Rand es un claro ejemplo de que no es libre quien así nace sino quien quiere serlo. Vino al mundo en San Petersburgo en 1905 con el nombre de Alisa Zinovievna Rosenbaum, como súbdita de los zares, pero en su adolescencia su país cambió para convertirse en lo más cercano a un infierno en la tierra.
Conforme crecía se fue enamorando a distancia de los Estados Unidos y en cuanto pudo se mudó allí para hacerse ciudadana, ferviente patriota y defensora de la libertad que su nuevo país representaba. Desarrolló una filosofía tan nutrida por el individualismo que en el país donde nació le habría valido pasar el resto de su vida en un gulag. Su obra más famosa, y más representativa de su filosofía, fue El manantial, un superventas publicado en 1943 que se ha convertido en un clásico de la literatura norteamericana y en Biblia de liberales por todas partes.
Howard Roark es un joven arquitecto que, en sus propias palabras, no da ni pide ayuda. Pero no sólo eso, Roark no construye uno de sus diseños si el cliente, el que va a pagar la obra y que también vivirá allí, sugiere una mínima modificación. Por si eso fuera poco, todos los diseños que le exige su originalidad obedecen a la corriente de arquitectura moderna y en su época, principios del siglo XX, la moda era la arquitectura neogótica y neoclásica. Pero Roark está dispuesto a trabajar como obrero primero y a morir de inanición después antes que ceder a sus principios.
Y mientras mal sobrevive, Roark se cruza con personajes que, pese a ser sus enemigos, le servirán de peldaños para llegar a convertirse en el arquitecto más famoso de su tiempo y en símbolo del individualismo más radical. El primero en cruzarse en su camino es Peter Keating, un ex compañero de la universidad que se valió  de él para presentar diseños que le ayudaron a graduarse como el mejor estudiante de su generación. Keating no ve el medio y poco le importa ser un pésimo arquitecto, sólo quiere popularidad y para ello hace todo lo que le piden y se cuida de tener la misma opinión que la mayoría. A pesar de que se empeña durante la extensa novela en humillar y destruir a su amigo Roark, éste lo trata siempre como a un niño indefenso, con cierta lastima.
El personaje que más lata le da a Roark es Ellsworth Toohey, un comunista que tiene a la sociedad neoyorquina literalmente en la palma de su mano. Toohey es un coleccionista de mentes, un viejo lobo con cierto encanto: cada que conoce a una persona, valiéndose de su sobrenatural inteligencia, la evalúa, le dice lo que quiere oír y al poco tiempo la tiene haciendo lo que él quiere. Pero cuando conoce a Roark, un hombre que no da ni pide ayuda, Toohey comprende que tiene que destruirlo, porque en la sociedad que él planea Roark no cabe. En los primeros años como arquitecto de Roark, detrás de todos sus fracasos, que casi lo llevan a prisión, está Toohey. Pero muy al contrario de lo que Toohey cree, Roark no lo odia y tampoco le concede la menor atención.
El tercer y crucial personaje en la vida de Roark es Gail Wynand, un magnate periodista -quizás basado en William Randolph Hearst- que partiendo de no ser nadie logra ser uno de los hombres más ricos de Estados Unidos y dueño literalmente de la opinión pública. Su deporte favorito es tentar a los idealistas para quebrar sus voluntades. Él jamás ve a nadie que valga la pena para que merezca siquiera un mínimo de respeto, y no cree que exista alguien que verdaderamente sea dueño de sí mismo, hasta que llega a su vida Howard Roark. Entre ambos surge una gran amistad, tanta que por momentos parece amor por el lado de Wynand, pero aquello no es más que respeto a lo que es Roark y que Wynand no pudo llegar a ser.
La novela como obra literaria tiene calidad, pero como obra filosófica es una obra maestra. A lo largo de los años hombres y mujeres se han unido para hacer monumentos a la libertad, de mármol, de bronce o de concreto, pero Ayn Rand, como individualista que era, hizo uno  ella sola valiéndose únicamente de letras, quizás para asegurarse de que nadie lo pudiera derribar.
En 1949 se realizó una película basada en el libro, de muy buena calidad, justo es decirlo, con Gary Cooper en el papel de Roark, con una actuación mediocre, y con Raymond Massey interpretando, de manera magistral, al magnate periodista Gail Wynand.

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