Existen
muchos autores que se cansan de buscar un editor y ellos mismos imprimen su
libro y lo distribuyen en la medida de sus posibilidades. Esos libros
lamentablemente no se venden, o se venden bien poco. Si no hay promoción y una
adecuada distribución no puede ser de otra manera. El famoso fenómeno de boca a
boca rara vez se presenta.
Yo soy de
los lectores que compran esta clase de libros. Algunas veces porque se adaptan
al tema que estoy investigando en el momento o simplemente porque por una
extraordinaria casualidad los veo en el rincón que les tocó en la librería, los
hojeo y, si me atraen, me los llevo sin fruncir el ceño si es que no son
baratos, ya que no tienen que serlo a fuerzas.
Hoy en día
ya no hace falta ser valiente para autoeditar un libro. Se puede hacer gratis
en plataformas como Amazon. Allí sin duda están ya algunas obras maestras que
por falta de difusión nadie o casi nadie compra. Y también porque los lectores
les tienen miedo a los libros autoeditados y los evitan. Y ese fenómeno ocurre
por culpa de los… autores.
De los
muchos libros autoeditados que me he leído, en la gran mayoría he hallado
erratas al por mayor. A veces en la primera página abundan. No sé francamente
qué piensan algunos autores cuando autoeditan sus libros. Los quieren, quizás,
más que a sus hijos y creen que cuando escriben el último párrafo ya son
perfectos, obras maestras incuestionables que no requieren la más mínima
revisión.
Siendo
sincero, me consta que muchos autores autoeditan obras verdaderamente
infumables. Quizás algunas tendrían mejor calidad pero es imposible hallarla
por la abundancia de erratas. Así jamás un lector prestaría seriedad a un
texto, y por la misma razón casi nadie confía en los libros autoeditados.
No me
explico por qué, si un autor cree que su libro merece ser publicado, no se lo
lee él mismo. Así limpiaría el mar de erratas que es casi siempre un libro
recién terminado.
Hasta los
autores consagrados dejan erratas en sus libros. En las editoriales tienen que
someterlos a un profundo proceso de limpieza. Y cuando un autor autoedita su
libro, ese trabajo le toca a él. Se tiene que leer el libro cuando menos unas
cinco veces. Después estará casi limpio, con unas cuantas erratas justificables
en una primera edición, pero no veinte por párrafo como ocurre con la mayoría
de los libros autoeditados.
Sería
bueno que los autores se quitaran la pereza de encima y al terminar sus libros
no se dedicaran a tratar de publicarlos, sino a limpiarlos. Así subiría la
calidad de libros autoeditados y los lectores confiarían en ellos. Se
venderían.
No es
justificable que los autores no sean muy buenos con la ortografía o que no
tengan recursos para acudir a una editorial que publique libros autoeditados o
a un experto. Si alguien quiere escribir libros primero tiene que aprender a
escribir bien el idioma en que lo hará. Ésa es una regla básica. Un diccionario
de la RAE puede
conseguirse fácilmente. No hay pretextos.
Quizás de cada cien libros autoeditados que salen a la venta, en formato impreso o digital, cinco están bien escritos, por autores que saben lo que buscan y que han dedicado el tiempo justo a sus obras hasta considerar que están listas, y los otros noventa y cinco sean verdaderas payasadas impresentables que sólo perjudicarán a los cinco buenos, aumentando la mala fama que tienen los libros autoeditados.
Quizás de cada cien libros autoeditados que salen a la venta, en formato impreso o digital, cinco están bien escritos, por autores que saben lo que buscan y que han dedicado el tiempo justo a sus obras hasta considerar que están listas, y los otros noventa y cinco sean verdaderas payasadas impresentables que sólo perjudicarán a los cinco buenos, aumentando la mala fama que tienen los libros autoeditados.