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17 jun 2012

Libros autoeditados


Existen muchos autores que se cansan de buscar un editor y ellos mismos imprimen su libro y lo distribuyen en la medida de sus posibilidades. Esos libros lamentablemente no se venden, o se venden bien poco. Si no hay promoción y una adecuada distribución no puede ser de otra manera. El famoso fenómeno de boca a boca rara vez se presenta.
Yo soy de los lectores que compran esta clase de libros. Algunas veces porque se adaptan al tema que estoy investigando en el momento o simplemente porque por una extraordinaria casualidad los veo en el rincón que les tocó en la librería, los hojeo y, si me atraen, me los llevo sin fruncir el ceño si es que no son baratos, ya que no tienen que serlo a fuerzas.
Hoy en día ya no hace falta ser valiente para autoeditar un libro. Se puede hacer gratis en plataformas como Amazon. Allí sin duda están ya algunas obras maestras que por falta de difusión nadie o casi nadie compra. Y también porque los lectores les tienen miedo a los libros autoeditados y los evitan. Y ese fenómeno ocurre por culpa de los… autores.
De los muchos libros autoeditados que me he leído, en la gran mayoría he hallado erratas al por mayor. A veces en la primera página abundan. No sé francamente qué piensan algunos autores cuando autoeditan sus libros. Los quieren, quizás, más que a sus hijos y creen que cuando escriben el último párrafo ya son perfectos, obras maestras incuestionables que no requieren la más mínima revisión.
Siendo sincero, me consta que muchos autores autoeditan obras verdaderamente infumables. Quizás algunas tendrían mejor calidad pero es imposible hallarla por la abundancia de erratas. Así jamás un lector prestaría seriedad a un texto, y por la misma razón casi nadie confía en los libros autoeditados. 
No me explico por qué, si un autor cree que su libro merece ser publicado, no se lo lee él mismo. Así limpiaría el mar de erratas que es casi siempre un libro recién terminado.
Hasta los autores consagrados dejan erratas en sus libros. En las editoriales tienen que someterlos a un profundo proceso de limpieza. Y cuando un autor autoedita su libro, ese trabajo le toca a él. Se tiene que leer el libro cuando menos unas cinco veces. Después estará casi limpio, con unas cuantas erratas justificables en una primera edición, pero no veinte por párrafo como ocurre con la mayoría de los libros autoeditados.
Sería bueno que los autores se quitaran la pereza de encima y al terminar sus libros no se dedicaran a tratar de publicarlos, sino a limpiarlos. Así subiría la calidad de libros autoeditados y los lectores confiarían en ellos. Se venderían.
No es justificable que los autores no sean muy buenos con la ortografía o que no tengan recursos para acudir a una editorial que publique libros autoeditados o a un experto. Si alguien quiere escribir libros primero tiene que aprender a escribir bien el idioma en que lo hará. Ésa es una regla básica. Un diccionario de la RAE puede conseguirse fácilmente. No hay pretextos.
Quizás de cada cien libros autoeditados que salen a la venta, en formato impreso o digital, cinco están bien escritos, por  autores que saben lo que buscan y que han dedicado el tiempo justo a sus obras hasta considerar que están listas, y los otros noventa y cinco sean verdaderas payasadas impresentables que sólo perjudicarán a los cinco buenos, aumentando la mala fama que tienen los libros autoeditados.