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23 abr. 2012

Libros de ocasión

No me gustan los tiempos de elecciones. No voto. Nunca jamás votaré. No quiero ser responsable de que un patán o una patána -que los hay en ambos lados- cometa crímenes contra la libertad con ayuda mía. Hay algunos políticos buenos, que podrían mejorar la economía en lugar de enterrarla más. ¡Pero son pocos y jamás ganan una elección! Para ganarlas hay que no tener escrúpulos, amar el dinero gratis y el poder que dan los cargos públicos.
En fin, no me pasaré la entrada hablando de política, no es ésa mi intención. Decía que no me gustan los tiempos de lecciones porque las librerías se llenan de basura. Y en tiempos normales ya hay bastante. Todos los candidatos se sienten Churchill. Más bien no se sienten, quieren ser vistos así. Por ello les da por escribir un libro. O conseguir a un negro literario para que les escriba un libro. O a alguien que pula la porquería que ya hicieron, porque quieren ser en algo honestos. Escribir la mitad del libro.
Y veo que esos libros se venden bien. Los libreros los ponen en lugares privilegiados, junto al Premio Planeta de turno, y se venden, porque la gente los ve. Son libros que, si el candidato pierde, no se volverán a editar jamás. Pero no se escriben para eso, supongo, tienen una función y ésta dura poco. Unos meses. Del día de votar en adelante el último Premio Planeta necesitará otro vecino.
Pero no todos los libros de este tipo los escriben candidatos para ganar. Hay otros que los escriben sus opositores para que no ganen. Tanta buena literatura que hay en el mundo y estos tipos en lo que vienen a gastarse la tinta. Y el papel. Eso es triste, y enoja. Pero es aún más triste, y enoja más, que haya quien los compra. ¿Por qué será? ¿Alguien piensa que en esos libros hay honestidad? Algunas veces leo libros escritos por políticos retirados, que no son sus memorias, sino sus reflexiones. Y creo que son un poquito más dignos de leerse. Pero no lo hago mucho. Prefiero gastar mi vista en cosas mucho mejores. Dostoyevsky, por ejemplo.
Luego vienen los libros visionarios. Y apocalípticos. Que también se venden bien. Pero a su debido tiempo. En las librerías de viejo veo muchos sobre la Guerra Fría, lo que habría de venírsenos encima, el imperio Japonés que no tenía freno, la gran riqueza que habría de alcanzar Cuba una década después de la implantación del comunismo, el fin del libre comercio, el enriquecimiento de Latinoamérica si seguía el camino cubano, el resurgimiento de África con potencias mundiales después de la desaparición del colonialismo. Y tantas cosas más.
Mucho de lo que se predijo en esos libros no pasó. De otros pasó todo lo contrario. Quizás por eso están allí en las librerías de viejo, a precios bajísimos. No se volverán a editar. Pero en su momento llenaron las librerías. Fueron superventas. Cumplieron, quizás, su parte. 
Ahora que vienen las elecciones en Estados Unidos, no he visto aún biografías, en español, de Mitt Romney, pero las veré pronto. Si gana, se seguirán editando y habrá muchas más. Si pierde, las encontraremos en unos cuantos años, casi regaladas, en las librerías de viejo.

4 comentarios:

  1. Buff odio ese tipo de libros...ya no es solo que me aburran... es que no me interesan nada!!
    Un saludo!

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  2. No me van nada este tipo de libros, nunca suelen ser objetivos. Un beso.

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  3. Son un paquete...

    Te invito a que te pases por mi blog y les eches un ojo a los concursos activos, igual te interesa alguno.

    Un beso!!!

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  4. A mí tampoco me gustan, son completamente subjetivos aunque a veces llegan a ser leídos por muchos.
    Saludos.

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