Antes de crear este blog, hace apenas tres meses, sabía lo que quería obtener con mis reseñas: credibilidad. Era importante para mí no sólo atraer lectores, sino que éstos se fueran de mi blog con la seguridad de que al reseñar había sido sincero.
Ya hace mucho tiempo que sigo ciertos blogs, algunos bastante buenos que transmiten una credibilidad incuestionable y de los cuales me he apoyado a la hora de escoger mis lecturas. Lamentablemente no en todos los que he visitado me ha pasado lo mismo. Disfruto, y mucho, leer a quien bien escribe y a veces en mis noches de insomnio me pongo a leer reseñas, sin que eso signifique que me las crea todas aunque me guste cómo escribe quien las hizo.
Algunas veces me da la impresión de que quien escribe en algunos blogs que sigo jamás lee libros malos. Y quisiera que así me pasara a mí, porque constantemente estoy leyendo obras de pésima calidad y no lo puedo evitar; de que un libro es malo me entero lamentablemente cuando ya lo compré y lo estoy leyendo. Precisamente para evitar eso tengo mis blogs de cabecera, con la intención de enterarme de la existencia de obras imprescindibles que se me han pasado. Pero aun así me es imposible no apoderarme de libros malos que cuestan, después de todo, lo mismo o más que los buenos.
No sé bien decir qué tiene que tener una reseña para que me la crea ciegamente. Eso depende mucho de cómo esté escrita y sobre todo de los aspectos del libro que resalte. Pero sí sé decir si un blog me inspira confianza. Cuando en un blog leo siempre reseñas positivas, figura allí el precio del libro y el que escribe nos apresura a aprovechar la oferta y comprarlo, me siento como si estuviera viendo un comercial en la televisión. Y es que ésa no es la forma en que yo decido qué leer. Cuando leo una estupenda reseña, que provoca que casi me sienta torpe por haber ignorado la existencia del libro, poco me importa su precio y si es caro dejo de comprar otros tres para comprar únicamente ése.
Creo que todos los blogeros sabemos que las editoriales regalan libros a quienes tienen un mayor número de lectores y suben sus reseñas con una continuidad que otros por sus demás ocupaciones no pueden igualar. Por supuesto que lo anterior no es malo, ésa es una muy buena forma de que alguien vea crecer su biblioteca sin descapitalizarse, pero eso tal vez provoca algún tipo de agradecimiento en el blogero, y si sus reseñas jamás son negativas y tampoco despedaza a un libro que sobradamente lo merece… yo no me las creo. No siempre.
Cierto es que para todo hay gustos y que si un libro a mí no me agrada a alguien más sí puede agradarle, pero la experiencia nos brinda un poco de criterio y a veces aunque un libro nos guste porque es del género que mas nos apasiona no podemos negar que es malo, que el argumento está mal concebido, la trama mal estructurada y tiene diálogos torpes e innecesarios. A mí me ocurre a veces con algunas novelas policíacas que leo hasta el final disfrutándolas, pero no paso por alto que están sembradas de errores.
Pero volviendo al tema de la credibilidad, fue por lo anterior que al crear mi blog decidí que no pondría portadas, no mencionaría precios, editoriales, fechas de última edición y que reseñaría libros pésimos, malos, regulares buenos y hasta uno que otro excelente. Tengo pensado algunas veces violar las reglas, hay portadas que merecen que las ponga porque son estupendas o cuando menos a mí me gustan, también hay editoriales que a veces envían al mercado un extraordinario trabajo y quizás en algún momento me dé por mencionarlas.
En cuanto a mis reseñas, jamás pienso discriminar. Los días que tengo ganas de escribir una, voy a mi biblioteca, recorro mis libros con la mirada y decido en ese momento cuál reseñaré, sin importarme lo viejo que esté, lo poco o nada conocido que sea el autor y si está de momento en las librerías o no. Yo reseñaré el libro, y si a un lector le parece que vale la pena, dependerá de él ver cómo lo consigue.
Por último, espero que ningún blogero que acostumbra poner precios de los libros y demás detalles para aclarar las dudas del consumidor se sienta ofendido por esta reflexión, no ha sido mi intención ofender a nadie.