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21 nov. 2012

Libros prohibidos


Siempre me ha despertado mucho el interés el tema de los libros prohibidos. Para empezar, caben dos preguntas cuyas respuestas son fáciles de imaginar: ¿quién prohíbe libros? y ¿con qué objeto?
Hace siglos los libros eran comúnmente prohibidos por la Iglesia y por el Estado. La Iglesia Católica incluso tenía su lista no sé si por orden alfabético o de aparición. No aceptaban críticas -postura que algunas corporaciones religiosas y gobiernos conservan- y quien se atrevía a cuestionar sus acciones y sus principios abierta o sugeridamente en un libro podía ir a pasar toda su vida en una prisión o perecer en la hoguera. Las penas, como puede verse, no eran nada blandengues y tampoco se podían negociar.
Con el paso de los siglos, y con la llegada de la civilización, tanto el Estado como cualquier corporación religiosa han tenido que aceptar la libertad de expresión, por lo menos en los países donde impera la libertad, la democracia y hay instituciones sólidas. Vaya alguien a publicar un libro en Cuba criticando al presidente o en Afganistán cuestionando al Islam y verá cómo toleran su libre albedrío.
Pero sin viajar a ningún submundo, quedándonos en las democracias, legalmente no está prohibido escribir sobre el tema que uno quiera y criticar lo que quiera siempre y cuando pueda probarlo. Sin embargo, sigue habiendo libros prohibidos, sin necesidad de que tal prohibición sea por ley.
Y es que no es necesario, no siempre, recurrir a la ley para prohibirle a alguien que escriba sobre algo. Cuando un libro molesta ligeramente a un personaje poderoso o a un grupo de poderosos literalmente puede quedar prohibido de facto. Así sin más. Se supone que la ley debe garantizar la libertad de expresión, sí, pero la ley no sirve de absolutamente nada si no se aplica, y aun cuando se aplica, no garantiza la seguridad de nadie, simplemente la procura, que viene a ser muy poco si a alguien le buscan con malísimas intenciones.
En siglos pasados el tema de los libros prohibidos no escondía trucos. Si alguien escribía uno sabía que irían por él. Hoy, en apariencia, se pueden escribir, porque la ley no lo prohíbe, y por eso muchos valientes lo hacen, avalados por su derecho a la libertad de expresión, pero ese aval no es un seguro de vida.
La prohibición de libros seguirá existiendo. No en los códigos, claro, pero cualquier persona sensata sabe qué tipo de temas y en qué lugares son delicados. Porque la distancia y la civilización cambian las circunstancias. Quizás un periodista alemán puede escribir un libro muy crítico sobre la guerrilla en Colombia sin que nada malo le pase, pero quizás si ese mismo libro lo escribe un periodista colombiano…
Y también eso de libro prohibido es un titulo. Una persona, organización o corporación, si un libro exhibe sus secretos más turbios, no querrá que adquiera ese titulo. Porque cuando un libro es catalogado como prohibido, seguro es que todo el mundo tendrá intenciones de leerlo.

17 nov. 2012

Literatura comercial


Muchas veces he coincidido en algunas charlas con amigos respecto a que las obras maestras no se venden. No le sirve, económicamente hablando, a un escritor tener una prosa fluida, divertida y elegante, con un apropiado uso de analogías y atrevimientos que rozan los límites de lo pésimo pasando primero por lo brillante.
Una historia bien contada, por sencilla que sea, puede ser una obra maestra, mas eso no garantiza que guste, ni siquiera que un editor le preste atención. Hay un sin fin de obras que gozan de una maestría sorprendente que pasan por las librerías sin pena ni gloria. Ni siquiera los críticos “serios” y “profesionales” les conceden mucho mérito.
La literatura comercial, para ser tal, no exige como requisito que las obras sean extremadamente buenas, ni buenas ni más o menos buenas. La razón es muy sencilla, los lectores no exigen calidad literaria. Un profesor amigo mío me dijo hace tiempo que eso se debe a que los gustos literarios de los consumidores de libros de hoy son dictados por las series de televisión y el cine. “El lector busca en un libro cosas similares a las que acaba de ver en una película” me dijo “y la belleza del cine y la belleza de la literatura no tienen absolutamente nada en común”.
Algunas veces al leer una novela me he preguntado por qué es tan aterradoramente mala, cómo una editorial quiso hacer pasar eso por un libro, cómo otra optó por traducirlo y, sobre todo, cómo hay personas capaces de perder horas valiosas leyendo semejante cosa. Sé que habrá quien diga que para todo hay gustos. Sí, lo acepto, pero también hay límites. A ver que surja un o una valiente capaz de ponerse pantalón amarillo, zapatos anaranjados, camisa morada, lentes como los que usaba Michael Jackson y rematar la obra con un sombrero mexicano. Y es que así, con esa arbitrariedad contra cualquier estética, hay quien escribe novelas que… se venden y mucho.
Ésa es la literatura comercial, novelas con una total simpleza en todo, mal escritas y por supuesto mal estructuradas, rellenadas con personajes mal dibujados robados previamente del cine. Eso es lo que se vende hoy, después de que hemos pasado por un largo proceso en el que casi todo el buen gusto literario se ha extinguido de las mentes humanas. Borges nació en 1899 y alcanzó gran fama, aunque le negaron el Nobel de Literatura. Si hubiera nacido hace treinta años y optado por el mismo oficio, actualmente se estaría muriendo de hambre.

1 nov. 2012

El libro electrónico, aún un proceso


Lo del libro electrónico no es sólo un modismo, es una revolución con nombre y apellido, significa una transformación no simplemente del modo de leer sino del qué leer, y significa también que la cultura ya no estará del todo pegada a las editoriales, ya no nos harán leer lo que quieren, habrá -y ya  hay- opciones antes inpublicables por buenas, por malas o por indecorosas. La dictadura de las grandes editoriales tiene sino los días sí los años contados, quizás como castigo divino por la basura que comúnmente sacan a la venta.
Pero ese proceso, aunque se ve venir de manera inmutable, aún está en pañales. El libro electrónico existe, se promociona, se lee, se vende, pero aún a niveles despreciables. Hay editoriales que tienen sus libros a la venta en formato digital a un tentador precio de 1.5 euros y se ven en la necesidad de cerrar sus puertas. Son pocos, en realidad, los que pagan por los libros electrónicos que leen. La mayoría los consiguen gratis, proporcionados por editores, autores o bajados de manera ilegal de la red.
En realidad al libro electrónico muchos todavía no se lo toman en serio -aunque es muy autentico y su impacto será enorme-. Otros tantos lo ven casi como a los hippies en su tiempo, como una amenaza para el modo de vida que han llevado y en el que quieren que vivan sus hijos. Y no faltan desde luego quienes lo ven como una amenaza a su patrimonio. Pero unos y otros tienen que aceptar que ahí está ya, que no va a marcharse y que tienen que acostumbrarse a él. El mundo, sobre todo el mundo joven, corre hacia lo nuevo, hacia la tecnología, y el libro electrónico es parte de ello.
Lo que no se puede decir con mucha certeza es cuándo se dará el gran cambio, cuándo veremos por las calles a grandes cantidades de lectores con un kindle o similar en la mano. Porque los lectores electrónicos también están ayudando mucho. Hace poco leí que en Alemania ya sacaron a la venta uno de plástico que funciona con pilas y que no supera los 10 euros en costo. Ya no hay para dónde hacerse, al libro electrónico lo aceptamos o nos convertimos en objetos sin presencia, en parte del pasado, como las estatuas.
Quizás en un año las cosas hayan cambiado de manera drástica en ese aspecto. Estamos en una época en que todo ocurre muy rápido. A ver cómo está el mundo editorial cuando entremos a la recta final del 2013, dentro de un breve año.