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12 oct. 2013

Literatura chatarra

Fue hace poco que empecé a escuchar y a leer algo sobre la literatura chatarra. Y a falta de una definición aún formal por parte de alguna academia, contribuiré diciendo que entiendo que quienes usan la frase se refieren a que es un producto deficiente, de mala calidad y producido en grandes cantidades para consumidores extraviados y nada exigentes. O, para simplificar un poco, se trata de novelas pésimas que se cuelgan de argumentos que han tenido éxito y pretenden exprimirlos todavía lo más posible.
Algo que me llamó la atención cuando empecé a leer sobre la literatura chatarra fue el hecho de que preocupa a los académicos que los adolescentes la consuman tanto. Lo cual es, por parte de esos académicos, una enorme estupidez.
Si lo que se quiere es que los jóvenes lean para erradicar en la mayor cantidad que sea posible la ignorancia del mundo, la literatura chatarra es ideal. Es más, si consigue atraer a los adolescentes a los libros, no sólo es ideal, sino extraordinaria.
Si un joven empieza a fumar cigarrillos comunes, poco después quizás se pase a la marihuana, y si empieza por sustraer pequeñeces de un centro comercial, después se cambiará a las joyerías, si disfruta golpear a sus compañeros de escuela, probablemente más tarde se interese por los asesinatos, y si se le ocurre leer Crepúsculo, es probable que luego se interese por Robinson Crusoe. Así de simple. Lo importante es que los jóvenes lean, que se hagan de ese hábito.  Si empiezan por La riqueza de las naciones o El príncipe quizás no lleguen siquiera a la décima página a causa del aburrimiento y ya no vuelvan a tocar un libro.
La literatura chatarra, a fin de cuentas, quizás esté haciendo algo bueno por el mundo.